Conducta delictiva y violencia, características de la masculinidad: 90.3% de los detenidos en la FNSM fueron hombres.

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Por: Danyael Romero

Las cifras oficiales dadas por el gobierno de Aguascalientes tras la Feria Nacional de San Marcos 2022 arrojaron que hubo  857 detenidos de los cuales 774 fueron hombres, lo que corresponde a un 90.3 por ciento del total , en su mayoría por estar involucrados en riñas y  orinar en vía pública. 

Es importante analizar esta información, ¿a qué se debe que la conducta violenta y delictiva sea predominantemente de los hombres?

A grandes rasgos, la conducta del ser humano se despliega sobre un espectro que va desde lo biológico, pasando por lo psicológico y llegando hasta lo social; complementándose uno a otro. 

Existe teoría que explica de manera más específica la conducta desde estos ámbitos; por ejemplo, desde lo biológico hay estudios que mencionan una mayor predisposición del varón a ser agresivo debido a una mayor segregación de testosterona. 

Arturo Ramirez, psicólogo forense, explica que hay una diferencia fundamental entre la agresión y la violencia: “La agresión tendría que ser ubicada del lado de la capacidad psicofisiológica que tenemos para reaccionar ante una amenaza, para pelear, para defenderse o para huir, ya son cuestiones extremas. Es muy diferente a la violencia, que es tener comportamientos agresivos con conocimiento de que lo estás haciendo, con la intencionalidad de dañar o aceptando el daño que puedas hacer a una persona para conseguir algo, y es ahí donde está la responsabilidad, lo penal”. Cabe recalcar que la violencia siempre es una decisión; y justamente es tomar la decisión, entre todas las posibilidades, de dañar a otra persona. 

Teniendo clara esta distinción, se puede hablar de un factor predisponente hacia las conductas violentas como lo es el alcohol; que es un depresor de las funciones ejecutivas superiores, que comprenden el cálculo, la moral, el comportamiento racional, la cognición, el lenguaje, etc., por lo que el exceso de esta sustancia traería una disminución en el trabajo de estás funciones, que puede generar en estados anímicos de exaltación o desinhibición y terminar en conductas de riesgo o violencia. 

Con relación a lo anterior, a la gran mayoría de los hombres se nos construyó bajo los conceptos de la masculinidad hegemónica, por lo que tenemos características en común muy arraigadas, tales como una baja tolerancia a la frustración, poco autocrítica y empatía, dificultades en la regulación emocional e incluso desconocimiento de la vida emocional misma: “A grandes rasgos, a los hombres se nos enseña que solo podemos expresar dos emociones, la alegría, mediante la expresión de la híper sexualidad y bebiendo; y el enojo, que muchas veces puede ser tristeza o miedo, y la expresamos golpeando, humillando, insultando y también bebiendo” comenta Ramirez.

La agresión y la violencia son factores  comunes al hombre, siendo también grandes factores de riesgo, ya que, a final de cuentas se vuelven una manera de vivir, pues no solo hay una extensa permisividad al hombre de comportarse de manera temeraria, sino que se le alienta -los mismos hombres- a serlo, incluso en ocasiones a la delincuencia. 

Ramirez también apunta que los rituales de la masculinidad se basan en mostrarse “más hombre” y así escalar en las jerarquías de fuerza, poder económico, híper sexualidad, entre otras. Estas conductas y rituales han sido la base de la sociedad durante mucho tiempo, creando un régimen que ha dejado a la violencia como un instrumento organizador de lo social, lo que ha ocasionado posiciones de desigualdad con relación a las mujeres y señalando a cualquiera que no se apegue a lo masculino, a lo “macho”. 

Entonces, es preciso decir que las predisposiciones biológicas a la agresividad y las consecuencias del consumo excesivo de alcohol, aunado a la construcción de la masculinidad tradicional basada en violencia y su  alta permisividad y aliento de conductas temerarias, entre otros aspectos como los propios de los individuos, influyen en el comportamiento delictivo y la violencia.

Esta se ve reflejada en las riñas que surgen por situaciones tan banales como “verse feo”, por creerse más que el otro, ver a la pareja del otro; en las que se percibe una amenaza -al propio ego y masculinidad- y se recurre a la violencia para demostrar ser “el más hombre”.  De otro modo, también se ve reflejada en la violencia contra la mujer. 

“Como fenómeno social generalizado tiene intención de mantener el status quo del mundo de los hombres, el régimen heteropatriarcal. El hombre que golpea a su pareja quiere adquirir y/o conservar el poder dentro de la pareja. Y envía un mensaje de sumisión, de jerarquía, de que la mujer vale menos. Y esto también es una cuestión de odio; en las conductas de violencia física, sexual, psicológica o feminicida, de fondo hay un desprecio a la mujer. Se le reprime o castiga cada vez que intenta ejercer sus derechos, tener libertad, tener seguridad, cuestiones que son básicas para el bienestar psicológico y social. Ese es el trasfondo de las cosas”, concluye Ramirez. 

Otro dato que aporta a la respuesta es que durante la pandemia por COVID-19, incrementó la violencia feminicida y contra las mujeres, estudios demostraron una relación significativa con el abuso de alcohol y que las agresiones son mayormente frecuentes por parte de hombres. Es necesario mencionar que el consumo de alcohol no es una causa de que los hombres sean violentos ni justifique sus actos, sino una representación de la violencia y un medio por el cual busca imponer su predominio y jerarquía, comentó Violeta Sabás Díaz de León, coordinadora del Observatorio de Violencia Social y de Género de Aguascalientes. 

En el contexto hidrocálido, la Feria Nacional de San Marcos es un ritual de fiesta para mucha gente, en la cual se promueve el consumo en exceso de alcohol, es llamada popularmente “la cantina más grande del mundo”. 

Sin embargo, ante las cuestiones expuestas y los hechos de que Aguascalientes ocupa el primer lugar nacional en consumo de alcohol, así como ser uno de los estados donde más violencia contra la mujer y feminicida se ejerce, se vuelve necesario buscar desde el gobierno una regulación para el consumo el alcohol, así como el promover otro tipo de conductas para disfrutar de la verbena abrileña, enfatizando actividades culturales o recreativas con la familia. 

Por último, es urgente buscar y promover formas de relacionarnos que no sean violentas ni temerarias, dejar de reproducir conductas machistas y misóginas, que en muchas ocasiones resultan en violencia de todo tipo; así como adoptar comportamientos más gregarios y más responsables hacia el medio, las personas en él y nosotros mismos. 

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