Un padre que separa a la fuerza a sus hijas de su madre también comete un delito: la historia de Isabel*

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Por: María Fernanda Alvarado

Desde el pasado 8 de abril  las hijas de Isabel*: Cecilia*, Paula* y Marina*, han visto violentado su derecho a  convivir con su madre  por parte del padre, Carlos*, quien las ha mantenido alejadas en un espacio del que se desconoce la ubicación y sólo esporádicamente y sin previo aviso le permite a Isabel tener comunicación con ellas. Las hijas e hijos no son propiedades de las y los adultos, sino personas sujetas de derechos.

Durante los primeros días Isabel se dirigió a la Fiscalía General del Estado de Aguascalientes, al DIF Estatal, y al Centro de Justicia para Mujeres; en dichas instituciones le notificaron que la situación no tipifica como un delito, ignorando las responsabilidades que marca la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, así como el derecho de una vida libre de violencia para garantizar la protección plena de las niñas. 

No es secuestro o sustracción de menores por el hecho de que el agresor es el padre biológico de las niñas y porque su acta de matrimonio continúa vigente, argumentan las autoridades.  La demanda de divorcio se entregó el 2 de mayo. 

“Entre las cosas que denuncié a parte de la separación de mis hijas fue que se llevó mi computadora, pero como la factura esta a su nombre la ministerio público me dijo que no hay robo porque él puede comprobar que la máquina es suya.  En el trato de las autoridades no hay empatía,  en el DIF me dijeron que solo podían colaborar si sabía exactamente dónde estaban localizadas las niñas”, comparte Isabel para entrevista con el Observatorio Digital. 

Ante estos obstáculos, su única opción fue poner una denuncia por violencia en el Centro de Justicia para Mujeres, y contar con una orden de protección. 

Actualmente, Isabel se siente observada continuamente, ha identificado una motocicleta que la sigue y teme por su integridad. 

El agresor sacó a Isabel de la casa donde vivían, él se llevó el automóvil, la laptop y cambió la chapa de la casa dejando a Isabel sin su ropa y sin sus otras pertenencias, incluso el perjuicio ha tenido efecto en su desempeño laboral. El agresor la chantajea con no devolverle el contenido de su computadora. 

Las niñas de 13, 10 y 6 años han interrumpido su asistencia a la escuela, se les ha violentado su derecho a la educación, la salud, además de la violencia psicológica que implica no poder ver a su madre. El agresor se ha caracterizado por ser un padre ausente, con poco tiempo de convivencia habitual con sus hijas argumentando un exceso de trabajo.

Aunque la crianza y cuidados han recaído en Isabel, después de que el agresor se llevó a las niñas, ellas han mostrado actitudes hostiles hacia su madre, culpándola de lastimar a su padre. 

Desde el noviazgo y durante su matrimonio de 14 años Isabel vivió violencia psicológica, física, económica y sexual. 

En el primer año de casados vivieron en casa de la madre del agresor, él solía violentarla físicamente con apretones y empujones. Otra manifestación de violencia fue que le controlaba sus ingresos y gastos personales y en algunas salidas nocturnas como pareja donde consumían alcohol, al día siguiente cuando Isabel despertaba notaba que amanecía desnuda, con dolor y sin memoria de lo que sucedió. 

En varias ocasiones Isabel expresó el deseo de divorciarse, pero el agresor manipulaba la situación y no se terminaba llevando a cabo. Ante la iniciativa de  formalizar la separación, él se llevó a las niñas .

La principal red de apoyo de Isabel es su  hermana  y aún con el desgaste e incertidumbre que le implica no saber de sus hijas se la ha ingeniado para  continuar en su trabajo. El que le hayan quitado a sus hijas le ha generado incertidumbre, no tiene certeza de quien las está cuidando y sobre cómo afectara que hayan interrumpido su dinámica habitual de actividades. Su ex esposo se ha adueñado de las propiedades materiales y espacios que le pertenecen. Sobre todo, le preocupa desde donde se termine posicionando su hija adolescente, ya que puede caer bajo la influencia de su padre.  

Ella ha recibido atención psicológica por el Instituto de la Mujer, buscando acompañamiento ante el desgaste de poder recuperar a sus hijas, mientras, analiza la necesidad de tipificar o contar con herramientas legales para las madres cuyas parejas les arrebatan a la fuerza a sus hijas e hijos. 

Ha pasado más de un mes y para Isabel, el Estado y las instituciones que deberían buscar su bienestar y el de sus hijas, le han demostrado desinterés y normalización de estas violencias hacia las mujeres, hijas y madres.  

*El nombre de la víctima, sus hijas, y el agresor fueron cambiados por seguridad  y por el proceso legal que se lleva a cabo.

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