Para las “malas” madres: la necesidad de ser madres bajo nuestro propio discurso

Por: María Fernanda Alvarado Bautista

El mandato social sobre las “buenas” madres las define como aquellas que son perfectas, devotas, monógamas, sacrificadas, relucientes, sabias, que anteponen los intereses de sus hijas e hijos y de sus parejas, porque los propios pueden permanecer en segundo lugar. Con este estándar tan irreal no es sorprendente que a muchas mujeres se les clasifique como “malas” madres. 

Las maternidades no sólo vienen atravesadas por una serie de opresiones por el sexo/género -el peso del trabajo doméstico y la crianza, la normativa de un cuerpo joven y “bello”, la brecha salarial, los obstáculos para crear una trayectoria laboral, la posibilidad de vivir violencia obstétrica o sexual-, sino también de clase y raza. Así como discriminaciones por orientación sexual, enfermedades, trastornos o discapacidades. Implica sobrepasar el diálogo de la mujer-madre e incluir estas categorías. Es hacer un análisis interseccional (es decir, un análisis de los cruces de las diferentes opresiones o condiciones en el contexto de las mujeres) que permita rescatar la diferencia, la particularidad y la ambivalencia de la experiencia de ser mujeres-madres. 

Al contrario de lo que se cree, existen diversas formas de maternar y esto no implica un fracaso, forma parte de la realidad de maternar, aunque esta posibilidad ha sido negada por las visiones idealizadas y reduccionistas. Se las responsabiliza de los éxitos, y sobre todo de los fracasos de sus hijas e hijos, cuando ni una cosa ni la otra recaen completamente en ellas, y dependen más de una serie de condicionantes sociales. Por ejemplo, si resultan ser agresores sexuales y físicos, asesinos, adictos a sustancias, entre otros; se suele resumir la noticia a “es que la madre no lo supo criar” y se le señala por eso.  

Las tesis de Adrienne Rich en Nacemos de mujer (1976) permitieron a las feministas reconciliarse con la maternidad. Para la autora, no se trataba de rechazar la maternidad, sino el sentido en que la definían, la imponían y la restringían los hombres. Adrienne Rich (1976, citada en Salleti, 2008) postula la maternidad como experiencia, defiende y resalta las potencialidades sexuales, reproductoras y maternales; al contrario, la maternidad como institución tiene como objetivo asegurar que este potencial permanezca bajo el control patriarcal. Adrienne Rich no identifica a la capacidad reproductora del cuerpo como un ancla.

¿Cuáles son los requisitos para ser considerada una “buena” madre?

Aquí valdría la pena preguntarnos desde dónde viene el origen de atribuirle bondad o maldad a las madres. El percibir a las mujeres como figuras santas, devotas, sacrificadas -o al contrario- se relaciona con la carga religiosa en la que crecemos en contextos creyentes como el Latinoamericano, en el que la religión impone también ideales de comportamiento.  

Se exige la pulcritud en todo momento y ocasión: el tener la casa limpia, tener relucientes a tus hijas e hijos, y al mismo tiempo mientras se hace todo esto verte reluciente tú, y obviamente recuperar la figura antes del embarazo o de cuando eras más joven. Aquellas que maternan entienden que es una demanda casi imposible, o al menos hacerlo sola y todo el tiempo. Si alguien va a una casa y nota el piso sucio o hay trastes sucios no van a decir ‘¿dónde está el papá o la pareja?’, van a pensar ‘esta mamá no ha limpiado o no le ha dado el tiempo de arreglarse’.

Aunque las parejas u otras personas que forman del hogar aporten, la carga mental de organizar y supervisar continuamente sigue recayendo en las mujeres, ellas son las que tienen que dar las indicaciones y los avisos sobre lo que tiene que hacer cada quien. Cuando el padre o pareja cumple con su responsabilidad familiar como la parte que le corresponde en las labores de cuidado y trabajo en el hogar, se percibe que están “ayudando”, cuando no es así, esa es su responsabilidad.  

Los ratos de desesperanza, después de años y décadas de maternar, están silenciados, aquellos momentos cuando dicen “ya no puedo” son espantosamente calificados por las y los otros, como si sentirse cansada o disgustada no fuera posible en “nuestro talento innato para ser madres”. Aunque no sea un sentir permanente, esos pequeños ratos de desolación son reprimidos e invisibilizados. Además, ¿por qué es tan común conocer historias de padres que abandonan a sus descendientes pero de mujeres no? ¿En nosotras no pueden haber rasgos de egoísmo o crueldad, todo lo que hacemos es noble y prioriza a las y los demás?

Aquellas que son madres jefas de familia parece ser que están incompletas, que necesitan con urgencia seguir teniendo citas para encontrar una nueva pareja que sea un modelo de liderazgo para la crianza de sus hijas e hijos. Aquí, las mismas exigencias de la pulcritud y la perfección en la imagen, en los espacios y los tiempos, son señales para desmeritar. 

El nombrarlas como madres solteras merece cuestionarse ya que las maternidades no recaen en un estatus civil o una situación de pareja. Y el seguir nombrándolas como solteras lo fomenta. Además, es otra imposición el tener que seguir en la búsqueda por una familia tradicional, cuando algunas no desean continuar así. O por otro lado, quienes deciden reiniciar su vida en pareja bajo nuevas condiciones son igual de señaladas. 

La lactancia como imposición

“La consigna «dar el pecho es lo mejor» debe servir como instrumento para garantizar el derecho a la lactancia, no como imperativo para que todas las madres amamanten. Lo que tenemos que preguntarnos es: ¿Por qué una práctica tan beneficiosa para el bebé y la madre es tan difícil de llevar a cabo? ¿Qué cambios hay que hacer en la sociedad para que podamos amamantar sin tantos sacrificios? ¿Por qué tenemos un permiso de maternidad tan escaso que dificulta la lactancia materna en exclusiva durante los seis primeros meses de vida del bebé?”, señala Esther Vivas en fragmentos del libro Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad.

“Algunas causas técnicas que provocan complicaciones en la lactancia pueden ser la postura, el tener pechos muy grandes, o un pezón invertido, entre otras. Estas alteraciones se pueden resolver con posturas u otras técnicas especializadas. Sin embargo, existen también las enfermedades crónicas, las cuales son llamadas así porque persisten más de tres semanas. Con su incidencia se cuestiona sobre que sucedió durante el embarazo, cómo están viviendo su puerperio, qué expectativas tenían, o si hay precedentes de violencia sexual o violencia obstétrica. Aquellas que sienten que su cuerpo fue violado y ultrajado no van a tener energía para fluir en la función de amamantar. Se sienten avergonzadas, inseguras, amenazadas, tienen temor de mostrar sus pechos o de cuidar a sus hijas e hijos”, dice Aurelia del Carmen Flores Álvarez, médica anestesióloga y consultora con certificación internacional de lactancia, perteneciente al Centro Especializado en Lactancia Materna: Maternidad en Plenitud, para entrevista con el Observatorio Digital.

“Al parir, los protocolos en los hospitales asumen que por ser mujer se sabe cómo lactar, y cuando no se logra las madres que acaban de dar a luz sienten culpa y fracaso. De inmediato se les presenta fórmula a los bebés y no se les pregunta si ese es el alimento que le quieren dar”, comenta Paulina Romo, abogada y especialista en Derecho Familiar, acompañante en casos de Violencia Obstétrica, parte también de Maternidad en Plenitud.

“Se les juzga como que son flojas, no quieren lo suficiente a sus hijas e hijos, les interesa más su figura, o no se quieren esforzar. Existen dificultades ajenas a la madre, por ejemplo, cuando el bebé no se logra aprehender al pecho y la mamá solo desarrolla frustración. Cuando se les habla ellas responden como si las estuvieran juzgando, pero se nota el dolor escondido por no conseguir lo que anhelaban o se esperaba de ellas. Es uno de los objetivos que se trabaja aquí en la clínica, lactar no es un requisito para ser una buena madre, igual que la maternidad debe de ser movida por el deseo y la plenitud”, comparte Aurelia del Carmen Flores Álvarez.

Las complicaciones con la lactancia por razones técnicas o por cuestiones psicológicas en relación con el cuerpo y la sexualidad se pueden canalizar con fisioterapeutas, abogadas y psicólogas. 

¿Por qué nadie está hablando de la depresión postparto?

Se puede conceptualizar a la depresión postparto como un estado de tristeza profunda en las mujeres que se da como consecuencia de un choque de expectativas al vivenciar la maternidad cuando la o el bebé ya está fuera del útero, y no se experimenta la plenitud o bienestar que se supone que tendría que desprender la interacción con el bebé. Pierden el gusto por la comida, se muestran apáticas ante su bebé, no desean cargarlo o cuidarlo, duermen todo el tiempo y lloran frecuentemente. 

No existen cifras exactas porque está infradiagnosticada. Es experimentada en silencio debido a que están obligadas a sentirse alegres y satisfechas. Las mujeres desarrollan culpa de no querer al bebé y es tan grande que les avergüenza darle un nombre a esa angustia y compartirla. Incluso su deseo de maternar puede romperse y no querer nuevos embarazos por el hecho de no haber cumplido con el romanticismo de maternar que le prometieron. Percibir la maternidad como lo máximo que una mujer pueda vivir es una imposición sistémica, no se expresan todos las emociones y afectos sinceros, las mujeres quieren decir que ya no pueden más aunque sea por momentos.  

Surge a través de experimentar violencias físicas, sexuales, psicológicas relacionadas con la construcción de la sexualidad y la maternidad. Así como, muchas veces violencias obstétricas en espacios médicos, antes o durante el embarazo, y después del nacimiento. También provoca un derrumbe en ellas el enfrentarse con la realidad en la que los hombres e incluso las mujeres cercanas a ella les cuestionan y señalan cómo están ejerciendo y cómo deberán hacerlo de ahora en adelante. Por lo tanto, ni ellas mismas terminan confiando en su potencial para criar, no saben a cuál voz escuchar.

Cuando se da un estado de tristeza moderada puede intervenirse a través de psicoterapia, y cuando se eleva a depresión postparto se requiere de medicación acompañándose de un proceso psicoterapéutico. Los medicamentos modifican la química cerebral y liberan los neurotransmisores que requieren para provocar un estado de bienestar. Esta medicación es compatible con la lactancia, el amamantar produce prolactina y oxitocina, hormonas que les dan estabilidad a las madres.

“En el hospital de la mujer hubo un momento en donde había un desborde de madres con depresión postparto, indagando se descubrió que las enfermeras castigaban como estaban aprendiendo a lactar, si eres primeriza o una adolescente va ser muy complicado. Nadie sabe ser madre” comparte Romo.

“No he identificado información sobre la depresión postparto en ninguna institución pública ni privada, es un tema del que se habla poco o nulo. Solo conozco a una sola psicóloga en Aguascalientes especialista en depresión postparto y pérdidas gestacionales. Maternidad en Plenitud es la única clínica de maternidades local con carácter interdisciplinario”, dice.

Modelo económico capitalista incompatible con la maternidad

El entorno laboral no está construido para que seas madre y desarrolles de forma integral y honesta otras dimensiones de autorrealización personales, no hay condiciones establecidas desde la empatía y el trato digno sobre el rendimiento o el horario. Si quieres crear negocios propios, posicionarte en nuevos puestos o en las jerarquías laborales, cursar posgrados o agrandar tu trayectoria profesional, pedir permisos de maternidad, tienes que comportarte como si no fueras madre, y si quieres criar a tus hijas e hijos tienes que comportarte como si no trabajaras o estuvieras en busca de satisfacer una diversidad de aspiraciones ajenas a maternar. Una realidad más de cómo estas opresiones se dan porque el sistema está pensado hacia los hombres, viendo a las mujeres como la otredad, quienes son las que se tienen que adaptar. El actual sistema económico capitalista y comercial es incompatible con las maternidades.

“Los casos más frecuentes que llevo son acerca de la pensión alimenticia (los cuales están rebasados en los juzgados de Aguascalientes), la guardia y custodia, las convivencias, y el reconocimiento de paternidad. Aunque existe legislación no está aplicada a la práctica, es un sesgo de justicia, ni siquiera hay permisos para la crianza. Varias de las mujeres a las que acompaño legalmente tengo que verlas en horarios inusuales o por videollamadas porque no tienen tiempo de presentarse, todas las instituciones trabajan por la mañana cuando las mujeres están trabajando, como sucede en el Centro de Justicia para Mujeres. Las políticas públicas no funcionan sino están diseñadas con base en la población”, finaliza Paulina Romo. 

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