Si Conceptualizamos mal al Feminismo, lo politizamos mal

Por: María Fernanda Alvarado Bautista

La masificación del feminismo a través del entretenimiento lo ha hecho accesible pero le ha quitado cierto rigor intelectual. ¿Quién se está apropiando de eso?

Para las grandes industrias y marcas -Disney, Channel, Nike- apropiarse del movimiento se ha convertido en otra área de mercado y otra forma de hacer publicidad. Es común encontrarse con prendas de vestir, zapatos o accesorios con letras gigantes y relucientes haciendo alusión al feminismo como un discurso de ventas. Son estas mismas empresas quienes tienen trabajando a sus empleadas en condiciones y con pagos laborales miserables, y permiten que exista hostigamiento sexual dentro de sus instalaciones. 

Algunas mujeres con influencia como cantantes, actrices o influencers de redes sociales, se han nombrado activistas feministas, son percibidas como supuestas modelos a seguir del mismo. Como sucede con Beyoncé, Emma Watson, Cara Delevigne, Demi Lovato (Monse Sahagún, 2022). Pero, ¿qué transformaciones promueven, desde dónde se posicionan, a quienes va dirigido, qué autoras y teoría conocen?

Esta masificación viene acompañada de la simplificación de los conceptos, es complicado identificar qué tan autenticas son sus intenciones o qué tanto conocen sobre la politización del movimiento, está el peligro de que se abanderen del discurso por promover una identidad estética más que una identidad de carácter ideológico. El feminismo pasó de ser entendido como una herramienta de análisis crítico, o una postura ética y política, a un requisito de identidad para las celebridades. 

En nuestro mismo contexto local, en las marchas y protestas pueden encontrarse participantes que  van ahí para estar en tendencia, tomarse fotos o un video para sus redes.

Intenciones así no trascienden en la experiencia de una marcha, colectiva o perspectiva de transformación social, no te estás sumergiendo en el activismo, no estás cuestionando, y existe el temor de que solo se trate de obtener likes, es decir, el utilitarismo de las luchas. “Lo que vemos en redes sociales sobre el movimiento feminista con cierto tipo de mujeres es eso, vende muy bien, tener una causa social, ser vegana, te da puntos. Nuestra identidad se basa en esa trascendencia, qué y cómo consumimos, cómo me ven”, aporta Alejandra Camacho -licenciada en Sociología  y una de las fundadoras de la colectiva feminista mexicana Mucha Muchacha- en entrevista para el Observatorio Digital.

Como señala la autora Rossana Reguillo, la juventud del siglo XXI tiene tanto pactos con la sociedad de consumo, como críticas hacia ella.

O como lo señala Celia Amorós: “Si conceptualizamos mal, politizamos mal”. Se tiene que tener claro quién es la sujeto de cambio del movimiento, nuestra agenda política, en qué se distingue de otras luchas sociales, y las opresiones y violencias sistémicas que vivenciamos como mujeres por sexo-género, raza y clase. 

La sujeta del feminismo son las mujeres con todas sus subjetividades. No es lo mismo ser una mujer europea o norteamericana a ser una mexicana, el tener otras orientaciones sexuales, con vulnerabilidad económica, o con padecimientos de salud. El feminismo abarca y se adapta a las realidades que nos atraviesan y las subjetividades que creamos en torno a dichas realidades. 

¿El volverlo accesible, tiene alguna ventaja? 

«Desde la lógica consumista y neoliberal en la que vivimos y nos construimos como personas es complicado desligarnos en absoluto de las industrias, por lo tanto, la pregunta sería ¿cómo el movimiento feminista se inserta en las dinámicas socioculturales y comunicativas de una sociedad consumista? ¿qué implicaciones tiene en los procesos de identidad de las mujeres jóvenes quienes consumen estos productos? , y esto ¿cómo se relaciona con el activismo?”, dice Camacho.

El interiorizar discursos de movimientos sociales por medios digitales y audiovisuales no es enemigo con hacer un activismo auténtico y con deseo de transformación social. En el activismo no hay purismos o esencias, es dinámico y poroso.

Hay que traer a discusión que muchas de nosotras nos hemos introducido al feminismo o a las problemáticas sociales a través de las redes sociales, y medios como el cine y la televisión. La rapidez con la que se puede dar lectura y difundir contenido, permite ser un primer contacto, lo que permite que después podamos recurrir a buscar teoría en otros medios y profundizar en ella. Además, crean dinámicas y grupos de discusión fomentando una riqueza de perspectivas.  

Es probable que hasta después de estos primeros acercamientos, es cuando hayamos podido transicionar ahora a los libros, las investigaciones y a la comunidad científica directamente.

“Durante mi licenciatura fue en Facebook donde encontré más textos sobre el feminismo y conocí más colectivas. Las redes sociales pueden diversificar un acontecimiento. Ahí encontré grupos donde las participantes no encajaban precisamente con el estereotipo que se ha impuesto sobre la feminista ruda, anarquista, taturada, con perforaciones. Me encontré con comunicólogas y antropólogas con una estética era más rosa, con tutús, lo que permitio que me gustara más. Conocí discursos de distintos países”.

La experiencia anterior es un recordatorio de lo erróneo de encasillar a las mujeres en un solo arquetipo de comportamiento. Siempre y cuando las expresiones de personalidad sean escritas por las mismas mujeres, no se tiene porque priorizar una sobre la otra. Por eso existen distintas ramas del feminismo que permiten posicionarse y abarcar el movimiento lo más completo posible. Algunos tipos de feministas pueden parecerte más accesibles e identificables que otras, y estas pueden ser quienes te inviten a adentrarte. 

“Las mujeres son las que crean sus procesos de subjetividades a través de esa apropiación y de ese reconocimiento que encuentran entre sus pares. Las jóvenes además de tener este discurso están encontrando una comunidad o colectividad, y esa es la finalidad también del movimiento feminista. El cine y las redes sociales son tecnologías del género, quieres verte representada de alguna manera”, dice Alejandra Camacho. 

Otro punto que ha generado debate dentro del movimiento, es el requisito de usar teoría para tener una opinión valiosa dentro del mismo. Entonces, ¿la teoría lo es todo?. Para Camacho: “Depende desde donde te posiciones, si te gusta la academia y tu interés es hablar desde lo académico, hazlo. Esta discusión va enfocada a que existen procesos de las mujeres que no se teorizan o conceptualizan desde las comunidades científicas, aunque no tienen una cita, un engranaje teórico-conceptual o una cierta metodología, no dejan de ser válidas como procesos de autonomía o de bienestar común de las mujeres. Por eso se habla de los feminismos comunitarios o periféricos, hay saberes que no están en un libro y están en lo cotidiano. Además pensemos, ¿qué tipo de teoría es y a quienes incluyen?”.

“Realmente no todo es teorizar, pero teorizar es fundamental. Quiénes se encargan de reinterpretar y actualizar ciertas categorías analíticas tienen un trabajo esencial”, finaliza.

Animar a leer feminismo no es elitista, es confiar y sumergirte en un diálogo con las autoras que han construido nuestra teoría y nuestro movimiento, a través de sus aportaciones es como hemos podido darle nombres y explicaciones a nuestras vivencias. Para ramas como el feminismo comunitario, periférico, afrofeminismo, radical, entre otras; el conocimiento no solo se produce por un tipo de rigor académico, es histórico y se escribe de múltiples formas. No le pertenece a una élite, nos pertenece a todas.

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