La desaparición de Juan Durón y el sexto sentido de su esposa

Juan Durón es un hombre alto, mide 1.78. Es de piel morena clara, tiene poco cabello, nariz ancha, una frente amplia y barbilla partida. Sus ojos son medianos y redondos. Es de complexión delgada. Nació en Aguascalientes y, al parecer, también desapareció en este estado. 

La descripción de Juan aparece en su ficha de búsqueda. Desapareció tras salir de su casa y circular en el trayecto Jalisco-Aguascalientes el 4 de diciembre de 2021. Poco más de un mes después de su desaparición, el 22 de enero, cumplió 33 años. La última noche en que Adriana “N”, su esposa, lo vio; él vestía un pantalón de mezclilla azul, sudadera North Face color gris y tenis vans con agujetas y cuadros blancos y negros. Eran las 9:30 de la noche y se apresuraba para salir a carretera. 

Adriana ha solicitado que las autoridades lo busquen en los municipios cercanos a Zacatecas, como Cosío, pues teme que Juan haya sido víctima de la violencia en el estado vecino –también conurbado con Jalisco–, cuyas desapariciones incrementaron exponencialmente durante 2020 y 2021. 

A su esposa, Juan le dijo que su padre tenía una emergencia de salud y había que viajar desde un municipio jalisciense cercano a Colima –donde viven Adriana y sus hijos– hacía Aguascalientes, donde vive la familia de Juan. El trayecto es de poco más de cuatro horas, y cruza por municipios con altos índices de desaparición, como Tlajomulco de Zúñiga, Zapotlanejo y  Encarnación de Díaz “La Chona”. 

“Él recibió una llamada, toda su familia vive allá en la capital de Aguascalientes. Platicó con sus papás y parece ser que su papá estaba algo enfermo y él se preocupó y me dijo que si lo podía acompañar y yo le dije que no podía dejar a mis hijos, le pedí que esperara a que amaneciera. Lo miré nervioso, como asustado, preocupado, y yo sentí algo aquí adentro, como en mi pecho. Se despidió de mis papás y los niños se quedaron a llorando”, cuenta Adriana. 

De acuerdo con colectivos de la región bajío del país, donde se localizan Jalisco, Aguascalientes y Zacatecas, una de las formas más comunes en las que desaparecen las personas es en las vías carreteras, lo que complica aún más la búsqueda para las familias. Por ejemplo, el 9 de diciembre de 2021 –cinco días después de la desaparición de Juan– la Fiscalía Especializada en Personas Desaparecidas de Jalisco –la entidad con el mayor número de personas desaparecidas en el país, 16 mil 159 hasta el 23 de marzo– confirmó el hallazgo del cuerpo de una mujer joven desaparecida el 30 de octubre en la carretera Libre a Zapotlanejo. Las vías carreteras entre Zacatecas, Aguascalientes y Jalisco se han convertido en unas de las más peligrosas del país, pues en ellas ocurren secuestros, asesinatos y desapariciones. 

El sexto sentido de Adriana

Cuando Juan salió de casa, Adriana lo despidió y le pidió que le llamara en cuanto llegará a Aguascalientes sin importar la hora. Pero el sexto sentido de ella, cultivado con años de experiencia, le dijo que algo iría mal. Sentía tristeza, una angustia grande, “como si él me fuera a abandonar, como si no fuera a volver”, dice. 

“Me acerqué a la puerta del carro, lo abracé, le di la bendición, y le dije que Dios lo ayudara y que le fuera bien. Se fue y yo perdí comunicación con él a las 11:30 de la noche, me dijo que estaba pasando la segunda caseta de Acatlán de Juárez, solo llevaba consigo un cambio de ropa y muy poco dinero”, narra Adriana, que describe a la perfección y con voz cortada la ropa que llevaba Juan ese día. 

Por la mañana, ella pudo confirmar que Juan no llegó a casa de su familia en Aguascalientes. El sentimiento en el pecho de ella comenzó a crecer. Lo buscaron con amigos tanto en Jalisco como en la capital hidrocálida. Juan es una persona sociable, de muchos amigos, platica con todos y solía salir a beber con sus amistades, eso les permitió sospechar que pronto podrían localizarlo. 

“Me decían que por ahí iba a estar, que seguro estaba con sus amigos, pero yo les dije que no, que yo sentía algo en mi pecho, yo sentía que a Juan algo le había pasado. ‘Levante la denuncia por desaparición allá’, estoy segura de que Juan sí llegó a Aguascalientes”, le dijo Adriana a la mamá de Juan, lo que ocurrió el 11 de diciembre –seis días después de la desaparición– pero la Fiscalía de Aguascalientes negó el registro alegando que no había certeza de que Juan hubiera llegado al estado, además de que Adriana había sido la última persona en verlo. 

Un comandante de la Fiscalía de Aguascalientes le dijo a Adriana que la búsqueda tenía que comenzar desde “la puerta de su casa, para que lo empezaran a rastrear a ver hasta donde había llegado”. Ella se presentó en las oficinas de la Policía Municipal de la localidad en donde residen –porque no hay delegación de la Fiscalía de Jalisco en ese municipio– el 12 de diciembre, pero nadie pudo ayudarle. 

“Yo el 11 de diciembre hablé al 911 y reporté, me dijeron el proceso que debía seguir, y fui a la Policía Municipal y el personal no se veía nada capacitado por la situación, aquí es un lugar muy tranquilo y todas las personas que desaparecen nunca las vuelven a encontrar. Preguntamos nombres de quién nos estaba atendiendo y no querían decirnos, yo decía que el tiempo es oro. ¿Cómo lo voy a encontrar si ni siquiera son capaces de levantarme un maldito papel? Estuve ahí como seis horas, yo sentía que me preguntaban por morbo”, cuenta. 

Las autoridades municipales le pidieron que se presentara al otro día, el 13 de diciembre, en la Fiscalía de Ciudad Guzmán, Jalisco, a 40 minutos. Ahí Adriana volvió a explicar la misma información que a la Policía Municipal. Explicó que se dedicaban a compra y venta de electrodomésticos por medio de redes sociales, que lo hacían en Jalisco y en Colima, y que ella siempre había estado al pendiente del negocio, que Juan no tenía enemigos y que les iba bien, les alcanzaba para cubrir sus gastos. 

Adriana cuenta que la Fiscalía le solicitó llevar a su hijo, de siete años, para tomarle muestras de ADN. Llevarlo y someterlo a ese procedimiento, fue algo doloroso para la familia. 

“Me hicieron que lo llevara a Ciudad Guzmán, y pues mi niño preguntaba por qué, y  mi niña también, no entendían qué estaba pasando, yo no quería decirles nada para que no estuvieran tristes. Me pidieron que llevara a mi niño varón, porque así como lo buscaban entre los vivos, también lo buscarían entre los muertos”, cuenta. 

Por la última ubicación de Juan, la segunda caseta de Acatlán de Juárez, el caso fue enviado hacia la delegación de la Fiscalía de Jalisco en Lagos de Moreno, a cuatro horas de la casa de Adriana. Un obstáculo para continuar con la búsqueda de su esposo, pues tras la desaparición de Juan, ella se quedó sin trabajo y con algunas deudas que ambos habían aceptado para construir una vivienda y hacerse de un patrimonio. 

Una búsqueda “diferente”

A diferencia de otros casos de desaparición, Adriana dice que la Fiscalía de Lagos de Moreno la atendió adecuadamente, de manera puntual, le dieron información oportuna, pudo revisar su expediente y mantuvo comunicación con las autoridades, pero el elemento de búsqueda más importante ha sido ella misma, pues con sus investigaciones logró encontrar información de Juan y la ruta que tomó ese día. 

Aunque esa información es privada, pues se encuentra dentro de la carpeta de investigación, para Adriana ha sido esclarecedor saber detalles que durante años desconoció de Juan. Lo que sí se puede saber es que la última ubicación de él fue durante la madrugada del 4 de diciembre en el municipio de Encarnación de Díaz, una de las localidades más violentas de la Región Altos Norte de Jalisco. En ese municipio hay registro de 191 personas desaparecidas desde el 2014. 

“El coche no lo encuentran, me dice que no está en circulación ni en Jalisco ni en Aguascalientes, que ya tienen el reporte de las placas y las fotos. Yo le sugerí a la licenciada, por la zona donde se perdió la conexión, que tal vez el crimen organizado lo reclutó, pero no hay certeza ni seguridad de eso”. 

A casi cuatro meses de su desaparición, Juan no ha sido localizado. A inicios de enero, amigos de él afirmaron haberlo visto en el fraccionamiento Villas de Nuestra Señora de la Asunción, donde él y Adriana vivían antes de mudarse a Jalisco. Pero la Fiscalía de Aguascalientes ha sido la más lenta en la búsqueda, pues tardaron más de quince días en aceptar la colaboración que envió la Fiscalía de Jalisco para iniciar con la búsqueda de Juan en este estado. 

“Si él estaba bien en 15 días puede que ya no esté. A nosotros nos dijeron los primeros días de enero que lo vieron allá en Aguascalientes y fueron a revisar apenas el 3 de marzo, eso es lo que lo afecta a uno. Al inicio sentí que me querían tratar como si yo no les comprendiera, no quería que duplicaran la denuncia, sino que aceptaran la colaboración que Jalisco les había enviado”, explica Adriana. 

Hasta ahora, la única información que se tiene sobre Juan ha sido investigada por Adriana y por la Fiscalía de Lagos de Moreno, en Jalisco. Pero el corazón de ella le dice que su esposo está en Aguascalientes, y que algo malo le sucedió. 

“Yo quisiera partirme en dos, irme a Aguascalientes y buscarlo, pero no puedo. Yo lo he soñado y él me dice que lo busque, me dice: ‘búscame mi amor, búscame y encuéntrame’. Es una angustia grande, yo solamente le digo que me espere, que ya casi llego. No puedo acercarme allá, no tengo dinero, no tengo los medios para ir, tengo a mis hijos en la escuela, ellos dependen de mí, si antes me cuidaba ahora debo cuidarme al triple, si algo me pasa a mí, ¿qué va a pasar con mis hijos?”.

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