En tiempos de pandemia, acariciar el alma se vuelve indispensable

Por Evelyn Brito

El siguiente texto fue escrito una noche de mayo en la que pensé que la cordura me abandonaba, fueron casi dos meses de ansiedad, tristeza y agotamiento emocional:

“Mi muy querida:

No pienses que no eres bienvenida, cuando me visitas esporádicamente disfruto la manera cadenciosa con que me abrazas y el frío con el que calmas mi euforia, pero querida ¿cómo te explico? No te instales por favor, tengo que dar alojamiento a otras visitas. Tu presencia prolongada ha hecho que mi sonrisa se convierta en una burda mueca, traigo los sentimientos desencajados y los pensamientos desaliñados.

De manera sutil trato de explicarte que has estado demasiado tiempo conmigo, te ofrezco infusiones de valeriana, melisa y pasiflora, trato que lo entiendas con melatonina para conciliar el sueño. Cuando te portas descortés y me haces llorar recurro a dos de me vale madre; pero pasa el efecto placebo y continuas aquí, entonces me canso de los buenos modos y trato de ahogar el sinsabor de tu presencia inventando mil cosas por hacer. Pobres de mis cactus, los he cambiado de macetas tantas veces, ya causé la muerte de un par de ellos, han respondido a mi constante intromisión dejándome las manos llenas de espinas.

Cuándo cae la noche y manifiestas la intención de acompañarme a leer y seguirme a la cama, enciendo velas por toda la casa, por temor a que la penumbra de mi alma termine por opacar y absorber a la noche, ¿cómo les devolvería a las personas la oscuridad? Algunas aún la esperan para dormir, o para amarse. 

Querida, te ofrezco un trato, permíteme ganar este asalto, deja que me reponga y entonces vuelve con Ansiedad y Angustia, pero Tristeza, permíteme disfrutar de los días luminosos del verano que se acerca, dame tregua.

A más de un año de confinamiento por el Covid-19, que dio inicio en marzo del 2020, la situación crítica que se ha vivido en los hospitales, los duelos sin despedidas y la crisis económica han tenido un impacto emocional. Hemos experimentado reacciones como estrés, preocupación, temor a enfermar, desesperanza, tristeza, cambios en el apetito, insomnio, ira, irritabilidad, fastidio, aburrimiento, desesperación, incertidumbre, desesperanza. Nos han atravesado momentos en que nuestra salud mental parece darnos la espalda, días en que nos aterroriza sentir dolor de cabeza o un cosquilleo en la garganta, si un ser querido presenta una congestión nasal, tos o diarrea, el mundo parece caernos encima.

“Es una enfermedad de ricos que viajan”, escuché decir a una persona cuando se confirmaba el primer caso positivo de Covid-19 en Tabasco, el 18 de marzo de 2020. Se trataba de una mujer que viajó a varios países de Europa y regresó a Villahermosa.  Durante varias semanas Tabasco se convirtió en el epicentro de la pandemia del Covid-19 en México, con más de 22,523 casos confirmados y 2,048 defunciones.

El Estado se colocó como el segundo con más casos confirmados de coronavirus por cada 100 mil habitantes, y el tercero con el mayor número de defunciones a nivel nacional. Desde marzo del 2020 a la fecha, las autoridades sanitarias y gubernamentales han adoptado medidas para evitar la propagación de la enfermedad y el colapso del raquítico sistema de salud; entre las medidas implementadas está el semáforo de riesgo epidemiológico, un sistema de monitoreo para la regulación del uso del espacio público de acuerdo con el riesgo de contagio de Covid-19.

Mientras una parte de la población hace home office, otras más han perdido sus empleos, otra parte no pudo quedarse en casa dada la desigualdad socioeconómica y el alto índice de trabajo informal, este último sector señalado por aquellos que, sin mirar sus privilegios, apuntan con el dedo acusador a quienes no cumplen con las normas de aislamiento. 

Por otro lado, el sistema capitalista nos dice que tenemos que producir, crear, hacer, pero muchas veces nuestra mente no nos acompaña. Hay días en los que existir duele, cuesta, simplemente no podemos concentrarnos y no hay nada de malo en sentirnos así. No tenemos la obligación de aprender un idioma nuevo, escribir el mejor poema, hacer yoga, aprender a cocinar, leer un libro, cada una tiene su propio ritmo y este debe ser respetado.

La salvación al dolor de la realidad y al hambre de caricias sin duda está en la amistad, en la complicidad entre mujeres, Margarita Pisano lo expresa bien al decir “la amistad, me parece, se construye con un pie en lo privado y el corazón, y el otro, en lo público- político del pensar, del pensar juntas. Con todo lo que esta dimensión conlleva de valores y responsabilidades sociales y humanas”, esto es cierto, máxime en estos días en los que las personas necesitamos ser expresadas, escuchadas y contenidas.

Los protocolos de cuidado exhortan a mantener 1.5 metros de sana distancia entre personas, pero a las almas no podemos ponerle un distanciamiento, estas se acarician con una llamada, con un mensaje para decirle a la otra que pensamos en ella, darle los buenos días, con una videollamada para ver nuestros gestos y sonrisas; las formas de mostrar ternura también se reinventan para salvarnos y salvar a otras. Al final, acariciar el alma se vuelve indispensable.

Referencias

Uribe, Francisco., https://novedadesdetabasco.com.mx/2020/06/13/por-covid-19-mexico-pierde-344-mil-empleos/ recuperado el 28 de febrero 2021

https://datos.covid-19.conacyt.mx/

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