“Ten mi vida te la doy”, amar desde las carencias

Por Evelyn Brito

En un ocasión me pareció super romántico enviarle una canción a la mujer que amaba, la letra decía:

“Tú me sabes bien cuidar
Tú me sabes bien guiar, todo lo haces muy bien tú
Ser muy buena es tu virtud
Cómo te puedo pagar todo lo que haces por mí
Solamente con mi vida, ten mi vida te la doy
Pero no me dejes nunca, nunca, nunca te lo pido por favor”

Pero ¿cómo fue que llegué a pensar y a resonar con lo que expresan esas letras? ¿ten mi vida te la doy?…

Para entenderme hurgué en las etapas de mi primera infancia y mi infancia y allí estaban las carencias que no había trabajado: encontré a una niña herida por la falta de aceptación y reconocimiento, no había sido lo suficientemente delgada ni femenina como se esperaba, necesitaba escuchar que me amaban, que me aprobaban.

Cuando cumplí 29 años decidí vivir en pareja con la chica a la que le envié esa canción, mis carencias emocionales y afectivas cayeron como sombras, llevándome a idealizar a la persona y a la relación.

– La tierra gira alrededor del sol, tu pareja no es el centro del universo

Los primeros meses fué bonito pasar tiempo y hacer cosas juntas, pero la idea dañina del amor parejil me llevó a aislarme de mis amistades. Ese amor estilo muegano en dónde una respira por la otra es asfixiante. Lo ideal es que cada una tenga sus espacios, esto lo aprendería años más tarde.

– Aprender a decir: No

La necesidad de ser amada, de encajar y ser aceptada me llevaba a dejar de lado lo que yo deseaba. Y un día me ví, viviendo una vida que no me llenaba pero bien que me acomodaba, ya habían planes de adoptar un bebé o ir a una clínica de fertilidad, y yo no podía decir “no”, ni expresar que deseaba por miedo a perder lo que consideraba amor.

Ya me nombraba feminista, conocía la teoría, pero no sabía cómo salir de una relación así, si te preguntas el por qué, es fácil, en nombre del amor había cedido mi poder, mi autónomia.

Había despolitizado el vínculo amoroso, aspiraba a la “normalidad” estilo heterosexual, de la casa, el coche, el perro y un hijo, cuando esos no eran mis deseos; mi instinto me gritaba que en esa relación no había nada subversivo, no había nada nutricio. Debía salvarme pero… es que la amaba.

– Las consecuencias de amar estilo Ten mi vida te la doy

Cuándo la relación terminó después de 5 años, tiempo en el cual ambas nos consumimos, viví un proceso doloroso, era una adulta no funcional; comencé a buscar a las amigas (sí ya sé que sí existe el infierno hay un lugar reservado para las personas que como yo, cuando tienen pareja olvidan a las amigas), allí estuvo Nelyda enseñándome a preparar arroz, Lulú dándome consejos para cocinar, Meli enseñándome a preparar la lista para comprar en el mercado, Candy y Conchi acompañándome a comprar mi licuadora, mi primer vajilla. Empezaba mi vida sola pero mis carencias me seguían, esa necesidad de amar hasta vaciarme allí estaba.

Lo más difícil estaba por llegar, el proceso de sanación, curar la relación con la primera mujer que amé, con mi madre, hacer las pases con ella, agradecerle lo que me dio y lo que no pudo, tuve que aprender a amarme, a saberme suficiente.

Norma Mogrovejo dice que “el amor es un territorio fundamentalmente político”, hoy mi apuesta diaria es deconstruir y construir mi nueva forma de amar, una en dónde no quede vacia, en dónde siempre haya algo para mí, porque un día podría necesitarlo. Claro, sigo cometiendo errores, pero ya tengo identificadas mis carencias, sé de qué pie cojeo y al final del día, me evalúo.

Es una gran irresponsabilidad depositar en una persona la tarea de hacernos feliz, en la vida real el “Ten mi vida te la doy”, ese amor romántico, que nos hace idealizar a alguien, no es sustentable.

Coraje
Anna Swir

No seré esclava de ningún amor.
A nadie
devolveré el sentido de su vida,
su derecho al crecimiento constante
hasta el último aliento.
Maniatada por el oscuro instinto
de la maternidad,
sedienta de ternura como el asmático
de aire,
con qué empeño construyo en mí
el hermoso egoísmo humano,
reservado desde hace siglos
para el varón.
Contra mí
están todas las civilizaciones del mundo,
todos los libros santos de la humanidad
escritos por ángeles místicos
con la expresiva pluma del relámpago.
Diez Mahomas
en diez elegantemente enmohecidas
lenguas
me amenazan con la condenación
en la tierra y en el cielo eterno.
Contra mí
está mi propio corazón.
amaestrado por milenios
en la cruel virtud de la víctima.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Monica Hdez. dice:

    Las mujeres somos seres carenciados y amamos desde ahí. Hay que reflexionar mucho sobre la ideología afectiva con las que hemos sido construidas y asumirnos como seres completas. Gracias por compartir tu experiencia porque te conviertes en un espejo para las demás que andamos en ese mismo camino de reflexionar cómo amamos.
    Gracias

    Me gusta

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