Resistencia

Por Mariana Ávila Montejano

El despique, o corte de los picos de gallinas, normalmente se realiza en aves para explotación comercial de huevo. Son víctimas de ésta práctica dos veces antes de la primera postura (periodo de producción de huevo), y se da principalmente para evitar que las gallinas rompan el huevo al momento de la postura. Según una entrevista realizada al Ing. Carlos Vásquez, de Industrias Agro de Sofos, hoy en día “(…) hay estudios que indican que esta práctica no genera ningún tipo de dolor al ave, siempre y cuando se haga de manera correcta, caso contrario a cuando se hace una exposición bastante prolongada del ave en lo que es la cortadora caliente que se utiliza para el despique, pudiendo ocasionar lesiones en el ave que le van dificultar posteriormente el proceso de alimentación y su posterior muerte.”

Si buscamos literatura sobre avicultura para este procedimiento, diferentes autores explican que “… se deben dejar mínimo 2 mm de longitud desde el extremo del pico hasta las fosas nasales, ya que de esta manera no se le permite desarrollarse a esa parte del animal, y tampoco les provoca la muerte, pues no alcanza la parte inicial del tracto digestivo”.  Como este, podemos encontrar un sinfín de manuales donde se legitima torturar sin llegar a matar, y así prolongar la explotación. Todo sea por el buen comer y por la subsistencia de la especie humana.

Como me dijo una gran amiga psicóloga hace tiempo: la felicidad es un privilegio. Compañeras, todas lo sabemos: la conciencia duele, la explotación tiene rostro. En todas las especies la lucha se traduce en resistencia. Seguramente muchas mujeres que luchan contra el devastador consumo y explotación lo han dicho y debemos leerlas, escucharlas y acompañarlas. Una de ellas (activista antiespecista) me dijo que “la acción directa de las gallinas contra la explotación de sus cuerpos es destruir sus huevos.” Así de doloroso puede ser resistir, y así de impactante es lo que no queremos mirar y lo que llevamos a nuestras mesas.

Algunos congresistas de diferentes geografías hoy están cuestionando el maltrato animal no sólo en los espectáculos, sino también en la industria alimentaria. Países como Francia, España e Italia han llevado a sus órganos legislativos la discusión y la urgente regulación de esas prácticas devastadoras. Essere Animali, organización civil italiana que defiende los derechos de los animales, viene incluso documentando las condiciones de hacinamiento y tortura. En México, los señalamientos van más encaminados a las condiciones sanitarias y el resultado de éstas en la calidad de los productos, sin embargo, todavía no se llega a la discusión desde un enfoque de derechos de los animales en la industria.

Hoy más que nunca me repito que necesitamos materializar la conciencia en acciones, que tenemos que cuestionarnos todo, y que urge transitar hacia el consumo responsable que no fortalezca la cultura de la violencia en ninguna de sus expresiones. Al buscar alternativas colectivas, podemos dejar de participar de la tortura.

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