Mujeres del campo y resistencia a megaproyectos: una historia en la sombra

Por Grecia Eugenia Rodríguez Navarro*

Existe una estrecha relación entre los problemas ambientales y los de origen económico y social. No se puede hacer una distinción entre las dimensiones humanas y las ambientales debido a que se encuentran ligadas tanto por el conjunto de  relaciones sociales que inciden sobre el mundo natural, como por los efectos de los cambios ambientales sobre las relaciones humanas.

En las últimas décadas, México y América Latina han sido punta de lanza en la llamada defensa de la tierra, defensa del territorio, luchas ambientales, respuestas campesinas, luchas por lo común o conflictos socioambientales, dependiendo del enfoque, y que se enmarcan en un ciclo de rebeliones y resistencias. En el México actual, con la entrada de la 4T al gobierno federal, vinieron también sus proyectos como el corredor inter-oceánico, la refinería dos bocas, el aeropuerto de Sta. Lucia, el tren maya y otros que venían arrastrándose, como el proyecto integral Morelos. Además, en los estados del país existen otros muchos conflictos causados por megaproyectos que datan de años, -incluso décadas atrás- y donde las y los protagonistas son campesinos y campesinas que luchan por no perder la tierra.

Cierto es, que la necesidad de acumulación para la obtención de ganancias del sistema capitalista sigue valiéndose del despojo y la explotación de los cuerpos y de la naturaleza, porque la voracidad en la fase actual del capitalismo así lo requiere. La ubicación geográfica de los llamados recursos naturales y el patrimonio biocultural hacen de México un destino para las transnacionales y es una cuestión que va más allá del gobierno en turno al ser una economía dependiente que ocupa un lugar para el sistema productivo y, a pesar del anuncio del fin del neoliberalismo, ya que en los hechos no ocurrió de tal manera.

En todo el país observamos una serie de conflictos socioambientales entendidos desde la postura que plantea Veltmayer (2015), en relación a la política de extracción de recursos que se vincula con el saqueo de los bienes comunes, la explotación laboral, la degradación del medio ambiente y el conflicto de clases, a esto añadiré una cuestión, la del género, que es sobre la cuál quiero reflexionar en estas líneas.

La relación entre el género y defensa de la tierra ha sido abordada desde diferentes perspectivas como la del feminismo comunitario o el ecofeminismo, que han aportado un fino análisis para entender lo global y lo local desde otra perspectiva. Una mirada que centra la atención específicamente en las mujeres y, puedo decir que al acompañar procesos de respuestas campesinas observo varios aspectos que vale la pena traer a la luz.

Un tema que no ha adquirido mucha relevancia en el contexto mexicano es  el de la violencia ambiental ejercida contra las mujeres y que es visible en contextos de megaproyectos. La participación de las mujeres en la lucha por la tierra en contra de la instalación de los megaproyectos, connota también una desigualdad de género.

Dentro de los movimientos campesinos, las mujeres, son organizadoras de la lucha al interior de sus comunidades, pero están en la sombra, los puntos de atención que se enmarcan en la lucha desde la óptica de las mujeres tienen otra mirada y es necesario escucharlas, ya que difícilmente sus palabras y sus demandas serán atendidas si no se pone en la mesa de análisis la situación de las mujeres dentro de los movimientos campesinos que luchan por la tierra.

 Cuando hablo de Violencia Ambiental contra las Mujeres, me refiero a la relación entre los diversos daños y el despojo a partir de la entrada de megaproyectos que  dificultan las condiciones de vida de las mujeres, sobrecargando su trabajo, violando sus derechos y quitándoles poco a poco su salud y su vida (Colectivo de Coordinación de Acciones Socio-Ambientales, 2016). Es toda acción u omisión que al dañar el ambiente dificulta la vida de las mujeres, les causa daño o muerte, genera perjuicio en sus patrimonios, en su economía o en cualquier otro ámbito por el hecho de ser mujeres. Este tipo de violencia analiza varias características: los problemas ambientales, la salud de las mujeres, el temor psicológico, la criminalización, el acoso y en muchos casos las violaciones sexuales, el despojo de los bienes comunes como el agua, la sobrecarga de trabajo para las mujeres, la migración de sus parejas y en muchos casos el abandono y la sistemática violación a los derechos humanos por parte del Estado ya sea por omisión, comisión o aquiescencia.

El daño ambiental afecta principalmente a las mujeres, porque ellas están a cargo del cuidado de toda la familia, de la dotación de agua, del cuidado del ganado y además asumen la mitad de las responsabilidades en la esfera productiva. La fuerte afectación específica en la salud de las mujeres es un hecho real, con riesgos que además son desconocidos por la falta de información en la temática. Las mujeres son el sostén del hogar, ellas más que los hombres se dan cuenta rápidamente de los problemas porque están en el día a día combatiendo para conseguir el agua para las labores del hogar. Ante la ausencia de una pareja, ellas son las encargadas de las actividades agrícolas, ganaderas y ven el grado de daño en las tierras, se dan cuenta de cómo están cambiando sus vidas y su salud, no sólo de ellas sino de toda la familia a partir de la minería, por poner un ejemplo.

Cuando una megaproyecto se instala, trae consigo gente foránea, maquinarias y contaminación; problemas sociales como: el alcoholismo, la desintegración familiar, la división comunitaria, el machismo y el menosprecio del trabajo femenino.

 Asimismo, vienen con promesas falsas de desarrollo, ganancias económicas y mejoras en las condiciones de vida pero en realidad se van generando muchos conflictos que son difíciles de tratar. Las tensiones y temores de las mujeres que sostienen la vida en comunidad son consecuencia de una serie de vulneraciones, por eso es importante saber lo que está ocurriendo, desmentir ésas promesas, estar bien informadas, recurrir a la experiencia de otras mujeres que están atravesando situaciones similares y sobretodo organizarse y romper con los roles establecidos para abonar a la lucha. La participación de las mujeres es de vital importancia, ya que son ellas las que realizan la lucha y la resistencia y son ellas las que permanecen en la sombra del conflicto.

* Doctorante del Posgrado en Desarrollo Rural de la UAM-X.

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