Impunidad, el desperfecto de la democracia en México

Por Laura Orozco

En México, según cifras de la sociedad civil organizada, existen más de 100,000 personas desaparecidas porque no solo se trata de las personas que se encuentran en calidad de desaparecidas, sino aquellas que se encuentran en el Servicio Médico Forense sin identificar, y cómo no, si la desaparición en el país no es un problema social actual, son ya décadas en la historia del país donde se lleva a cabo esta aberrante y dolorosa práctica de control social y territorial, cuyo objetivo es la generación del miedo para desarticular la organización y así ejecutar proyectos económicos y políticos que abonen al proyecto neoliberal existente, situación a la cual se suman otras problemáticas totalmente invisibilizadas como el desplazamiento interno forzado, las agresiones a periodistas y defensoras a derechos humanos, la trata de personas con fines de explotación sexual y laboral etc. Hablar de todas ellas llevaría más tiempo del que tengo destinado para esta columna de opinión, a los cuales les iré dedicando diferentes momentos.

Sin embargo, en esta ocasión,  hablo de la desaparición de personas con la triste legitimidad que me da el ser familiar de víctimas de desaparición forzada, luego de que, desde la lógica misógina del Estado en el orden patriarcal que eso supone, todos los hombres de mi familia fueron desaparecidos, dejándonos solo a mujeres a quien el Estado no percibió como un problema o un peligro, por creernos incapaces de actuar y exigir justicia, dado que ahora somos quienes llevamos la responsabilidad de los hijos, y los múltiples problemas que la desaparición supone.

Es por ello, que pensar en las cifras de desapariciones en las que se incluyen a mis familiares, imposibilita que nosotras las víctimas podamos pensar en una real democracia en México, que a diferencia de nuestro país en la mayoría de los países latinoamericanos las desapariciones tuvieron lugar principalmente en regímenes autoritarios, en contextos de dictadura.

Hablar de democracia no puede ni debe hacer alusión únicamente a la cuestión electoral, sólo puede hablarse de democracia si se respetan  y se ejercen  de manera plena los derechos humanos, que es totalmente contrario a lo que han manifestado organismos internacionales de derechos humanos en relación a las crisis humanitaria y forense existente en nuestro país, lo que nos recuerda la gran deuda histórica pendiente del Estado y de quienes nos gobiernan así como la imperante necesidad de las víctimas y de la sociedad en general, de seguir caminando hacia la construcción de verdaderos espacios de  justicia e igualdad social.

 Ha sido la impunidad esa acción permisiva, que ha mantenido ese cúmulo de violaciones y de violencias, en la que se enmarcan la falta de acceso real a la justicia, la debida diligencia en las investigaciones, las búsquedas serias, imparciales y objetivas. No olvidemos que la desaparición tiene entre muchos fines perpetuar esa impunidad, y que uno de los principales elementos de esta violación grave a los derechos humanos es el ocultamiento de la víctima, es la puerta que ha permitido este cúmulo de violaciones y violencias, esa falta de acceso real a la justicia, la debida diligencia en las investigaciones, las búsquedas serias, imparciales y objetivas, la sustracción de la acción de la justicia de los perpetradores.

Por ello, desde el dolor, pero también desde el amor, la digna rabia y la resistencia con que hemos tenido que luchar por la verdad y la justicia es que no descansaremos hasta encontrarlos.

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