A más de 20 años de lucha, organizan festivales y movilizaciones pacíficas en defensa de La Pona.

Por: Georgina Martínez Macías 

A más de 20 años de  lucha en favor de la preservación de La Pona, el área natural sigue estando en riesgo de destrucción. Por eso, el pasado viernes 18 de marzo se llevó a cabo el primer Festival de Equinoccio organizado por la colectiva Salvemos La Pona, donde artistas locales, proyectos dedicados a la cultura, emprendedores y emprendedoras mostraron su trabajo en defensa del único bosque urbano natural de Aguascalientes.

Desde 2014, una parte de La Pona se encuentra en el Catálogo de Áreas Prioritarias para la Conservación del Estado, el cual promueve la preservación, cuidado y restricción de cualquier construcción o intervención que pueda dañar la zona. En 2018, tras negociaciones con autoridades municipales, empresarios propietarios del terreno acordaron donar solo un tercio del terreno para ser reconocido como área natural protegida, quedando 20 hectáreas a disposición pública para la construcción y fines poco favorables para la mezquitera. Mientras que a finales del año pasado se aprobó la modificación del uso del suelo establecido en  Programa Parcial de Desarrollo Urbano de la ZUFO Centro 2040, lo que da luz verde para que constructoras habitacionales puedan intervenir en el bosque urbano, sin ningún tipo de restricción.

Lo anterior  ha causado indignación entre activistas, vecinas, ciudadanas y población en general, ya que ademas de violar un derecho humano primordial colectivo, que es el derecho a un medio ambiente sano; vulnera la salud de las y los hidrocálidos y pone en riesgo la vida de las especies que alberga  dicha zona.

Es por ello que se organizó un festival con participantes diversos, desde alimentos y bebidas artesanales hasta conciertos musicales y danzas, celebrado en las afueras del parque La Pona. René López, integrante del colectivo, explicó que les fue negado el acceso a un lugar más céntrico al interior del bosque.

La Pona es un área identitaria para Aguascalientes, ya que era el lugar donde había mayor presencia de aguas termales subterráneas y por ello surgió el nombre de la ciudad. Tiene una dimensión de más de 30 hectáreas donde habitan más de 11 mil árboles nativos con aproximadamente  250 años de antigüedad, más de 70 tipos de especies de animales y 25 tipos de plantas. Este ecosistema genera grandes aportes al balance ecológico del  municipio capital, por ejemplo, mitiga los efectos del cambio climático, regula la temperatura y los mezquites ayudan a la limpieza del aire, además, es un espacio de retención de agua en el subsuelo, entre otros incontables e irremplazables beneficios.

“Salvemos la pona” vela por el cuidado y la preservación del espacio de una forma íntegra y sin ningún tipo de  intervención que altere o modifique el área. 

“El Programa Municipal de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial 2045,  señala que no hay área suficientes de recarga del acuífero en Aguascalientes, sin embargo las acciones que toma el municipio son contrarias a lo establecido en dichos documentos”, comentó Sofia Gonzales Ponce, activista e integrante de la colectiva Salvemos La Pona.

González Ponce también señaló la importancia de reconocer los servicios ambientales que brinda el bosque urbano, ya que añadió, es minorizado por la apariencia y no se conocen los aportes que tienen a nuestra vida cotidiana y la salud pública.

La activista recalcó que las decisiones que tomó la última administración del Municipio Capital, con Tere Jimenez, vulneraron la integridad de la zona ecológica, ya que aprobaron permisos de uso de suelo y persisten propuestas de proyectos de inmobiliarias y vialidades que implican la destrucción de la mezquitera.

La colectiva exigió garantizar la permanencia y respeto a las áreas naturales que son el pulmón de nuestra ciudad, debido a que el daño ya es irreversible y lo único que se puede hacer es mitigar los estragos de la contaminación existente.

Guadalupe Castorena, integrante del colectivo Conciencia Ecológica, añadió que es necesaria una voluntad política comprometida y al igual que Sofia González Ponce, coincidió en la innecesaria intervención del espacio por parte de constructoras. Las activistas apuestan por estrategias de construcción mejor analizadas y redistribución habitacional sin causar daños a la zona y en beneficio de las y los hidrocálidos. 

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