Sigue el Estado sin escuchar las voces de Atenco

Por Susana Rodríguez

“El estado mexicano es experto en llevar al límite a las víctimas en este país y es terrible que siga ocurriendo hasta este día. Eso no implica que nos vamos a dar por vencidas, no lo vamos a hacer”, asegura en entrevista Italia Méndez Moreno, una de las sobrevivientes de tortura sexual durante la represión en San Salvador Atenco, Estado de México, hace casi quince años.

Entre el 3 y el 4 de mayo del 2006, las corporaciones policíacas municipales de San Salvador Atenco y Texcoco,  en el Estado de México, y de la Policía Federal Preventiva, reprimieron una manifestación del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y personas en general que se oponían a la construcción del entonces nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

La represión -según reportaron los medios de comunicación- dejó dos muertos, más de 200 personas detenidas y al menos 26 mujeres sometidas a tortura sexual. Italia Méndez Moreno, fue una de ellas.

A más de una década de lo sucedido, la reparación del daño, el acceso a la justicia y la no repetición suenan inalcanzables “y eso es frustrante”, dice en entrevista la ahora activista y defensora de los derechos humanos.

En el 2006, el contexto del país estaba enmarcado en una protesta social significativa por la movilización nacional del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y La Otra Campaña, una iniciativa política impulsada por el subcomandante Marcos -conocido en ese momento como representante del Movimiento Zapatista- con el que hicieron un recorrido por el país y posicionaron a nivel nacional denuncias por violaciones a los derechos humanos.

Por esos años, en México estaba en puerta el proceso electoral federal en el que resultó ganador el panista Felipe Calderón y el terror para acallar las manifestaciones sociales fue la política, así lo vivió Méndez Moreno.

Antes del 3 de mayo de 2006, Italia Méndez estudiaba una carrera relacionada con la  permacultura (sistema de diseños de medio ambientes humanos sostenibles) y colaboraba con una Fundación que defendía los derechos de niñas, niños y adolescentes. Quería casarse y ser madre. Después de ese 3 de mayo se convirtió en una activista que acompaña a mujeres víctimas de tortura sexual y documenta sus casos.

“Es duro, doloroso, fuerte, hay que prepararse mucho en lo emocional pero es lo que ahora soy y está bien, tengo mi familia con la que vivo el día a día, no tuve hijos, pero estoy agusto con la decisión que tomé. Creo que no soy lo que quise pero me encuentro con una mujer con mucha fuerza y con cosas que creí que no lograría”, reconoce.

Las mujeres que vivieron tortura en Atenco consideran que el punto nodal de su lucha es devolver la responsabilidad de lo sucedido a quien le corresponde: los cuerpos policiacos y el Estado como institución garante de los derechos humanos que usan la tortura sexual como medio de control social sobre el cuerpo de las mujeres, argumenta Méndez Moreno.

Añade que al inicio eran más mujeres denunciantes, sin embargo, para las compañeras -principalmente las que viven en San Salvador Atenco-, fue difícil sostenerse en la denuncia por la presión de sus propias familias y comunidades para que evitaran “llamar la atención”.

“Nosotras no íbamos a aceptar una salida así y esto implicó para muchas que sus esposos y familias retiraran los apoyos, creo que el uso de la tortura sexual es tan usada por el estado porque realmente tiene la capacidad de romper no solamente a la persona, sino también a la familia y a la colectividad”, considera la activista.

El 29 de abril del 2008 con el apoyo del Centro de Derechos Humanos Agustín Pro Juárez y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional, un grupo de once mujeres víctimas de tortura durante la represión en Atenco presentaron su caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organización que emitió una sentencia para el Estado Mexicano a finales de 2018.

En esta sentencia se responsabilizó a México de las diferentes violaciones a los derechos de agrupación o reunión, integridad, libertad personal y a la vida privada. El documento contiene 12 disposiciones, entre las cuales está continuar con las investigaciones para sancionar a las personas responsables, brindar atención médica y psicológica gratuita a las víctimas y sus familias, y capacitar al personal de las corporaciones policiales en derechos humanos, entre otras.

El alcance que ha tenido la sentencia de la CIDH en lo práctico ha sido realmente mínimo en comparación con lo que ellas pensaron cuando iniciaron el proceso de la denuncia. Querían que se ubicara a las personas responsables de la represión y se les castigara por ello. A tres años de la resolución, las víctimas siguen exigiendo el acceso al expediente que tiene la Fiscalía General del Estado de México para enviarlo a la Fiscalía General de la República (FGR) y así darle seguimiento a su caso.

“Tener una sentencia de la CIDH es muy relevante, pero aún con eso no alcanza para romper los círculos de impunidad en nuestro país y es realmente terrible”, reconoció Méndez Moreno.

A pesar de la lucha para erradicar la represión y la tortura, otras mujeres siguen siendo violentadas por las corporaciones del estado cuando se manifiestan públicamente.“Es sentir otra vez en el cuerpo que te atraviesan y que tu experiencia, tu lucha y todo tu esfuerzo no alcanza para detener esas prácticas de la policía, no alcanza”, lamenta.

Para Méndez Moreno quienes van tras la justicia en México son las mujeres, ellas dan la batalla y también se llevan la peor parte, pues son víctimas de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones (desaparición, violación sexual, violencia feminicida) y enfrentan diversos obstáculos en su lucha por la justicia: no les creen, las culpan, son estigmatizadas por las autoridades, la sociedad y los medios de comunicación, argumenta Méndez Moreno.

“Es realmente terrible que las mujeres estemos persiguiendo a corporaciones, a grandes villanos de la sociedad mexicana y que lo hagamos así, a pie, sin recursos y cargando este dolor tan grande por la violación a los derechos humanos”.

La activista y defensora de los derechos humanos hizo un llamado a que ninguna mujer lleve su lucha de manera solitaria, que como sociedad nos solidaricemos a acompañar, a apoyar, a brindar escucha y apoyo, porque la lucha por la justicia es para todas.

Los errores del pasado deben servir para aprender de ellos y no repetirlos, sin embargo, en México las garantías para la libre manifestación no han mejorado, al contrario, para las mujeres es cada vez más peligroso y complicado exigir justicia.

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