El dolor de las cenizas

De acuerdo con la abogada y especialista en temas de género, Cynthia Galicia Mendoza, durante el 2015 en México asesinaron a 6.5 mujeres al día. Y durante el 2020, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se han cometido entre 10 y 12 feminicidios diarios, eso significa que la cifra se duplicó.

En Aguascalientes, a finales de julio de 2017 el Congreso del Estado reformó el Código Penal para tipificar el feminicidio como delito autónomo. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en el estado se registraron cuatro feminicidios en 2018, cinco en 2019 y uno en lo que va del 2020.

Los datos del monitoreo a medios de comunicación realizado por el Observatorio de Violencia Social y de Género, señalan que en este año han muerto violentamente más de diez mujeres.

Mientras las violencias de género sean permitidas sistemáticamente, respaldadas por las autoridades y una sociedad machista, existe el riesgo de que una mujer muera a manos de un asesino que podría quedar impune.

Por: Susana Rodríguez

La mañana del domingo 5 de marzo de 2017, Denisse Morales de Anda, de 26 años de edad, no llegó a desayunar a casa de Rubén Morales, su padre. Él había pasado la mañana esperándola. Al mediodía, *Esteban, entonces pareja de Denisse, llegó a casa de Rubén preguntando por ella, pues no tampoco asistió a un compromiso pactado.

“Me comunico con Esperanza, su mamá (que vivía con Denisse) y me dice: “no, no está conmigo”. Me quedé con la duda y le dije (a *Esteban) vamos a la casa”, recuerda el padre de Denisse.

Las casas están cerca, no les llevó mucho tiempo llegar hasta donde vivía Denisse y su mamá, Esperanza de Anda. Se estacionaron en la puerta y tocaron el timbre pero no recibieron respuesta. Rubén se asomó por una de las ventanas y se percató de que adentro había humo. De inmediato, le pidió a *Esteban que les marcara a los bomberos.

Mientras marcaban a los números de emergencia, Rubén buscó la manera de entrar: se brincó a la cochera, rompió con un pedazo de madera el vidrio de una ventana y, al no poder abrir, empezó a jalonear la puerta hasta que lo logró.

Una enorme cantidad de humo salía desde el fondo de la casa, cuenta el padre de Denisse que intentó entrar varias veces, primero hasta la sala, pero el humo y el calor lo impedían. Tras varios intentos, pudo llegar hasta la cocina, pero el calor lo obligó a salirse una vez más.

Afuera, vecinas y vecinos empezaron a salir, uno de ellos le dio una toalla mojada que se puso encima y volvió a entrar a gatas hasta la recámara de Denisse, tocó la cama y no había rastro de ella. En ese momento llegaron los bomberos y él salió de la casa.

El equipo apagó el incendio que venía desde una recámara al fondo, e informaron que habían encontrado a una persona. Entre negativas e impedimentos, Rubén entró hasta el cuarto y su corazón supo que era Denisse quien estaba ahí.

Originalmente, según los bomberos, la causa del incendio provino de un corto circuito ocurrido cerca de la cama, pero pronto esa versión se desvaneció. En el funeral, un integrante de la familia, la concuña de Rubén, les informó a los padres de Denisse de un hallazgo extraño que cambió la percepción del hecho para su familia y posteriormente para las autoridades. Se trataba de una maleta que contenía documentos y equipos electrónicos propiedad de Denisse, encontrada en un contenedor ubicado muy cerca de su casa y, aunque el hallazgo pudiera ser una pista para definir lo que en realidad sucedió, hasta la fecha no ha habido avances significativos en la investigación del caso.

“Cuando recibí todo, para mí no fue un accidente, ese ya no fue un accidente, quiere decir que me la mataron”, dice Rubén, al recordar el momento en que recibió la maleta con las pertenencias de su hija.

A partir de ese hecho, las autoridades iniciaron un proceso de investigación lento, muy lento, que a tres años de lo sucedido no les ha permitido resolver qué ocurrió con la muerte de Denisse. Rubén recuerda que, en alguna ocasión, un Vicefiscal les dijo que ya tenían al responsable de la muerte de su hija, les dieron un nombre pero no ofrecieron mayores datos.

“Yo pienso que esto no fue premeditado, fue algo que se salió de control en el momento, por cuestiones de dinero, no sé”, indaga Rubén.

En la carpeta CI/AGS/03804/03-17, de mil 500 hojas, abierta por la Fiscalía General del Estado de Aguascalientes, no existe ningún indicio certero de cuál pudo ser la verdadera causa de la muerte de Denisse y  tampoco quién es la persona responsable. Pero la familia de ella está segura de que se trató de un feminicidio.

“Usted nada más dígame si ya no se va a buscar, si el caso se va a cerrar, dígamelo mejor, ya se lo digo yo a su mamá…andamos mortificados en venir cada quince días”, se lo dijo Rubén al Ministerio Público encargado de la investigación con un dejo de impotencia por el desinterés que manifiestan las autoridades.

Meses después de la muerte de Denisse, Rubén se acercó con el Observatorio de Violencia Social y de Género de Aguascalientes (OVSGA) y eso lo llevó a involucrarse también con el Colectivo de Familias “Buscando Personas Verdad y Justicia”, con quienes ha participado en búsquedas de personas desaparecidas.

Le han preguntado que va a sentir el día que encuentre algo y él les contesta, “me va a dar mucha alegría porque voy a hacer feliz a una familia, que a pesar de que no estoy en el caso, una familia va a descansar”.

La noche antes de la muerte de Dennise, Esperanza, su madre, habló con ella. La notó molesta, estaba cenando con *Esteban, su pareja. Después de esa llamada no volvieron a tener comunicación.

La familia de Dennise la recuerda como una persona alegre, social e inteligente. Estudió la licenciatura en Comunicación y trabajaba en la empresa de manufactura automotriz Donaldson, ubicada en el PIVA (Parque Industrial del Valle de Aguascalientes) en el municipio de San Francisco de los Romo. Con su trabajo se hacía cargo de su hijo Adriel Alejandro, que hace semanas cumplió once años. Su celebración fue sencilla, “pero si su mamá viviera le hubiera hecho una fiesta en grande, era su adoración”, dice Rubén.

Tras la muerte de Dennise, su familia no ha podido recuperarse: “uno se hace a la idea cuando sabes que una persona va a morir por enfermedad, pero cuando es una cosa así (y truena los dedos), eso nunca lo vas a asimilar”, dice su padre, que no tuvo tiempo de despedirse de ella.

“Cuando la llevé a la funeraria me quedé un momento con ella y le di un beso, a pesar de que era puro carbón. Me llené de carbón -dice mientras se toca los labios y sus ojos se llenan de lágrimas- y me lo comí, lo que me quedó me lo pasé, era mi hija al final de cuentas, no tenía porque asustarme, no tenía porque nada, al final de cuentas era mi hija”, recuerda con la voz entrecortada.

Los rastros de las cenizas tiñen la vida de la familia Morales De Anda. A sus integrantes, después de lo sucedido, algo se les apagó.

*El nombre del agresor ha sido modificado por razones legales.

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