Queremos poder vivir

Por: Mariana Ávila Montejano

Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de 21 años que se encontraba en México realizando un intercambio académico fue víctima de feminicidio por la inoperancia y la violencia  sistematica contra las mujeres.

Claudia fue asesinada en Morelos. Su muerte está siendo investigada bajo el protocolo de feminicidio, es decir, su muerte se podía haber prevenido.

Claudia no debió ser asesinada.
No deberían matarnos. Nunca.

No importa si somos mexicanas o españolas. No importa nuestra edad, nuestra profesión, nuestra forma de vestir, si viajamos solas o acompañadas, si estamos en nuestra ciudad o al otro lado del mundo.

No deberían matarnos.

Y precisamente porque Claudia era española, este feminicidio ha adquirido una dimensión internacional. Todos los días mujeres en México son asesinadas, desaparecidas y violentadas, y no queremos que Claudia sea recordada únicamente como la estudiante española asesinada en México.

Queremos que sea reconocida como lo que era: una mujer joven cuya vida fue arrebatada.

La violencia feminicida no es un problema exclusivamente mexicano. Es una expresión de desigualdades y relaciones de poder que atraviesan sociedades enteras.

Por eso, su feminicidio también interpela a España, a México y a la comunidad internacional.

México tiene la obligación de investigar el asesinato de Claudia con debida diligencia, perspectiva de género, independencia y máxima rigurosidad.

España tiene derecho a acompañar y exigir garantías para su ciudadana.

Y ambos Estados tienen una responsabilidad de: garantizar que las mujeres podamos vivir, estudiar, viajar, trabajar y transitar libremente sin que nuestra vida esté condicionada por la violencia.

La cooperación internacional no puede limitarse a reaccionar cuando una mujer ya ha sido asesinada.

También debe servir para prevenir.

¿Cuántas veces más tendremos que explicar que no queremos morir?

En México conocemos demasiado bien las consecuencias de la violencia contra las mujeres.

Las familias que buscan a sus hijas.

Las madres que recorren fiscalías, hospitales, cárceles, calles y terrenos.

Las mujeres que denuncian y no son escuchadas.

Las niñas, niños y adolescentes que crecen con los impactos de estas violencias.

Las defensoras que acompañan estos procesos y que también son amenazadas por hacerlo.

Conocemos las cifras, pero también conocemos las historias.

Y sabemos que detrás de cada mujer asesinada hay una vida que no volverá, una familia transformada para siempre y una sociedad que pierde algo que nunca podrá reparar completamente.

Por eso no basta con investigar después.

Necesitamos prevención, políticas públicas, instituciones que funcionen, fiscalías que investiguen con perspectiva de género, espacios seguros, educación para transformar las relaciones de poder y mecanismos efectivos para que las mujeres puedan pedir ayuda antes de que sea demasiado tarde.

Exigimos que el asesinato de Claudia sea investigado de manera exhaustiva, independiente y con perspectiva de género; que se agoten todas las líneas de investigación y que su familia tenga acceso a la verdad, la justicia, la reparación integral y a una participación digna durante todo el proceso.

Exigimos también que su nacionalidad no sea utilizada para establecer una jerarquía entre víctimas.

Claudia Tacoronte Aguilera


Porque Claudia merece justicia por ser Claudia.

Queremos que ninguna mujer tenga que convertirse en noticia internacional para que su vida sea considerada valiosa.

Queremos dejar de contar asesinatos.

Queremos dejar de aprender los nombres de mujeres después de que han sido asesinadas.

Queremos poder vivir.

Estudiar.

Viajar.

Caminar.

Amar.

Regresar a casa.

No deberían matarnos. Nunca.

Por Claudia.

Por las mujeres de Morelos.

Por las mujeres de México.

Por todas las mujeres del mundo.

Pero también queremos decir algo más.

Somos muchas las mujeres que acompañamos, que buscamos, que denunciamos, que documentamos, que exigimos justicia, que salimos a las calles, que construimos redes y que todos los días trabajamos para transformar las condiciones que permiten que la violencia contra las mujeres continúe.

No somos pocas.
No estamos solas.

Y no estamos dispuestas a aceptar que esta sea nuestra realidad.

Nos negamos a aceptar que México sea solamente el país de las mujeres asesinadas, desaparecidas y violentadas.

México también es el país de las mujeres que buscan, que resisten, que se organizan, que se acompañan y que construyen otras formas de vivir.

Nos negamos a aceptar que la violencia sea nuestro destino.

Nos negamos a aceptar que tengamos que aprender a vivir con miedo.

Nos negamos a aceptar que matar a una mujer pueda convertirse en una noticia más.

Claudia tenía 21 años. Tenía derecho a vivir, a estudiar, a viajar, a regresar a casa.

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