Dominación y poder, un ejercicio de la masculinidad que manchó el balón.

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Por Danyael Romero.

Hace un mes, el pasado 5 de marzo de 2022, en el estadio  “Corregidora” de la ciudad de Querétaro, se suscitó uno de lo hechos más violentos en la historia del fútbol mexicano, pues una riña entre barristas del Club Querétaro y Club Atlas dejaría un saldo total de 26 personas heridas, tres de ellas de gravedad. Estos eventos tuvieron un gran impacto, no solo en los aficionados del fútbol, sino en la población mexicana y en el mundo, dejando ver que en el fútbol mexicano el amor por los colores puede transformarse en violencia y que esta responde al imperante del género másculino por dominación y poder.

En redes sociales se publicaron videos sobre lo ocurrido en el estadio que mostraban de manera más cercana los actos violentos que ahí tuvieron lugar. Golpes, patadas, azotes usando diferentes objetos, grupos de personas acorralando y tomando ventaja de la superioridad numérica en contra de otras personas, entre otros actos violentos. 

No es la primera vez que barristas se enfrentan, pero sí la más violenta. La rivalidad entre estas barras se remonta al año 2007 cuando Atlas ganó un partido y descendió al equipo de Querétaro, lo que generó la primera gresca afuera del estadio Jalisco, que dejaría detenidos y lesionados. En 2010, tras el regreso a Primera División de Querétaro se habría suscitado una segunda riña que igualmente dejaría lesionados y detenidos. 

Según reportes del gobierno del estado de Querétaro, el día 6 de marzo, 19 de los 26 heridos ya habían sido dados de alta. Por su parte, Mauricio Kuri, gobernador de ese estado, reconoció que hizo falta un mejor plan de seguridad, además de afirmar que los actos no quedarían impunes. Hasta el día 17 de marzo, la Fiscalía de Querétaro informó que la suma de personas detenidas había llegado a 27, mientras que el 28 de marzo se detuvieron a cuatro policías por omisiones injustificadas en relación con el debido cumplimiento de sus obligaciones cuando se suscitaron los hechos. 

Mikel Arriola, presidente ejecutivo de la Liga MX, y Yon de Luisa, presidente de la Federación Mexicana de Fútbol determinaron, entre otras sanciones, el no permitir el acceso a barras visitantes en los estadios de México, así como tener identificados a los integrantes de grupos de animación.  Aunado a estas medidas, distintos equipos de la Liga MX optaron por implementar un Fan ID para tener identificado a todo aquel que vaya a su estadio. 

El antropólogo Jorge Negroe, experto en barras mexicanas, comenta que las barras están construidas sobre la masculinidad machista del ideal de ser superior a otro hombre, y que el demostrar el aguante, definido como un sistema de prestigio y de valor que se basa en poner el cuerpo y soportar lo que sea para seguir al equipo, es un acto violento tanto consigo mismo como con el exterior. 

Desvestir al rival

Suele pasar en los estadios que integrantes de las barras despojen de su camiseta al rival. Negroe explica que esto se relaciona con el afane del barrista por demostrar que tiene más aguante que el contrario en esta batalla tanto visual y auditiva entre barras – a veces física –; y puede ser no solamente la camiseta, sino también los trapos, banderas o los instrumentos musicales de la barra rival, convirtiéndolos en trofeos.

Pero lo que sucedió en Querétaro rebasó los límites barristicos. Negroe comenta que la situación permite sospechar que fue un acto orquestado, pues no se cumplieron los protocolos de seguridad para estos eventos ni los códigos de honor de las barras. 

“Dentro del barrismo existen  dos códigos de honor, que son: no golpear a los que ya están vencidos  y no atacar a las familias. Pensando barrísticamente es algo muy grave, pues romper los códigos de honor que le dan sentido a este movimiento ya nos habla de otra cosa. Los mismos barristas con los que he platicado me decían eso “¡No son barristas! ¡No cumplieron los códigos barrísticos!. Y todo nos lleva al mismo punto, es un acto reprobable”. explica el especialista.

Han habido muchas versiones e hipótesis sobre lo ocurrido el pasado 5 de marzo; y a pesar de que fue hace casi un mes, la situación sigue dando muchas interrogantes. Por otro lado,  algo se ve esclarecido; los cuerpos golpeados y desnudos en las inmediaciones del estadio La Corregidora son símbolo de la violencia que surge del imperante de la masculinidad por imponerse sobre el otro, representando un ejercicio de poder y humillación, un acto deshumanizante en contra de otra persona por defender otros colores, otras ideologías; un suceso más grave y mediático de lo que se vive día con día en las relaciones violentas que hemos aprendido entre hombres.  

La desnudez forzada es una forma de violencia sexual que comprende  despojar de su ropa a la víctima exponiendo su cuerpo desnudo ante otras personas, afectando su privacidad, su sexualidad. Esta práctica ha sido usada como método de tortura física y psicológica en guerras y conflictos policíacos, siendo una manera de humillar y deshumanizar el cuerpo de las víctimas.

Otros tipos de violencia

“Somos su padre”, “son nuestros hijos”, “los traemos de perros”, “nos los cogimos”; son algunas de las expresiones más comunes en el argot futbolístico del aficionado cuando su equipo vence a otro. Cánticos, albures, memes, etc., ejemplifican las relaciones de poder que extrapolan el resultado a un ejercicio de dominio sobre el otro.  

Otro factor relevante es el hecho de que una significante cantidad de cánticos replican ideales homofóbicos y sexistas con el fin humillar a los rivales, despojándolos de su aguante, de su hombría; y aunque, estos parezcan menos relevantes o sean tomados como broma y defendidos bajo el pretexto de “eso se dice solo en la cancha”, es cierto que reflejan los valores y costumbres de los contextos en los que se originan. 

Negroe cree que la mejor solución es buscar el canalizar de mejor manera esa violencia que surge dentro de las barras, y no tomar una actitud punitiva como lo hizo la Federación Mexicana de Fútbol.

“La violencia existe y no se justifica. Sin embargo, desde mi punto de vista, existen formas de canalizar esa violencia en apoyo social. Una solución de fondo tendría que incluirlos –a los barristas– como actores sociales. Negociar con ellos, hacerlos entender; existen casos documentados de eso. En Colombia, los barristas de Los del Sur del Club Atlético Nacional han mejorado sus espacios, han organizado diferentes torneos para alejar a los jóvenes de la delincuencia e influido en su ambiente, incluso en la legislación colombiana existe la figura del “barrista social”, apunta Negroe. 

Ni el fútbol, ni cualquier deporte, por sí solos son machistas, sexistas, homofóbicos, etc.; sin embargo, el contexto histórico-cultural en el que se desarrollan los hace propensos a soportar este tipo de conductas y creencias que los fanáticos expresan. 


Jorge Valdano, ex jugador argentino dijo un día: “El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”. Podemos entender entonces que el fútbol es prescindible, que hay miles de cosas más importantes; sin embargo, este es un espacio en el que muchas personas buscan el desestrés, una actividad física, la convivencia con la familia o un sentido de pertenencia. Es innegable el impacto social del fútbol, siendo el deporte más popular y practicado en México y en el mundo, por lo que se vuelve necesario reflexionar en las actitudes y valores violentos que se transmiten a este, y que recíprocamente a través de este se enseñan, apostar por reformar las maneras en las se forman costumbres dentro y fuera de la cancha y buscar que ni el fútbol ni cualquier deporte sea un espacio donde la violencia en cualquiera de sus presentaciones se manifieste.

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