La obligación de ser bella

Por: María Fernanda Alvarado Bautista/Observatorio Digital.

Parafraseando a Susan Sontag, el conflicto con  la pretensión de la belleza, no es la belleza en sí misma, sino que es una violencia de imposición que para las mujeres se vive como una obligación. En el caso de las narrativas que validan a una mujer por su apariencia física, se refuerza la idea de que el mayor poder que tienen es el de su belleza, lo que acaba siendo una forma de opresión y una subyugación a la cosificación desde una mirada masculina y patriarcal de lo que se considera atractivo. 

Un sistema patriarcal no solo impone estereotipos de belleza y comportamiento, sino que nos condiciona para que interioricemos el mensaje de que somos nosotras las que queremos esos estándares sin antes habernos cuestionado.

El cuerpo de las mujeres es  territorio político, se  comprende  no únicamente como biológico sino como histórico, ya que ha sido nombrado y construido a partir de ideologías y discursos que han justificado su opresión, su explotación, su sometimiento, su enajenación y devaluación. Es un territorio con memoria, tanto ancestral como particular.

El cuerpo puede llegar a habitarse con plenitud y honestidad, a partir de la decisión de re-pensarse y de construir una vivencia desde una postura reflexiva, crítica y constructiva. 

Body positive y Body neutrality

En años recientes han tenido gran presencia los movimientos de body positive (cuerpos en positivo), y en menor medida el body neutrality (neutralidad corporal). El movimiento body positive pretende desafiar la idealización de la delgadez, fomentar la aceptación y apreciación de la diversidad corporal (Cwynar – Horta, 2016) y  sirve para dar respuesta a los mensajes que dominan las redes sociales sobre la apariencia “ideal”. Este movimiento tiene su antecedente en el discurso del feminismo de los 60’s frente al discurso anti-grasa en Norteamérica (Afful & Ricciardelli, 2015).  El body positive se asocia con frecuencia a mostrar cuerpos con sobrepeso u obesidad, pero en teoría también incluye a los cuerpos discapacitados, de diferentes culturas, con vello corporal, y marcas como el acné, quemaduras o cicatrices, etc.

Sin embargo, algunas mujeres han cuestionado que en vez de anular la preocupación por la apariencia, el movimiento de body positive podría reforzarlo (Webb et al., 2017). La finalidad de esta corriente tiene intenciones de aceptación, pero puede llegar a ser algo desgastante y poco realista. 

Como alternativa al body positive nació el body neutrality, el cual establece como necesario centrarnos en lo que nuestro cuerpo hace por nosotras y estar agradecidas por eso, valorarlo y respetarlo, más que en la presión de cómo luce y es percibido. Esta corriente promueve la idea de que lo importante es ver el cuerpo como algo neutro, aceptarlo y no «obligarse» a quererlo todo el tiempo. El body neutrality podría dar una percepción más completa de otras funciones y cualidades del propio cuerpo, más que centrarse en la estética. 

Pasha Been, creadora digital de contenido y concientizadora de cuerpos con vitiligo, habla sobre el proceso por el que pasó para aceptar su cuerpo tal y como es. 

“Antes de aceptar mi vitiligo estaba muerta en vida, me limitaba a salir con amigos o usar la ropa que yo quisiera, invertía mucho tiempo en un maquillaje excesivo. Para mí el amarme no me es cansado ni excesivo, para mí el body positive es la base fundamental de que haya salido adelante, ha ayudado a salirnos de la sombra de la expectativa de nuestro cuerpo”, dice. Haciendo notar cómo cada mujer puede elegir el movimiento que más responda a su vivencia actual con su cuerpo. 

Para Pasha Been, así como para la mayor parte de las mujeres en el mundo, el ideal de belleza está representado en lo que medios audiovisuales ofrecen como modelos a seguir. 

Las mujeres sufren la presión constante de este tipo de medios (cine, televisión, publicidad, redes sociales etc.) e industrias de la moda, cuyo producto de marketing son mujeres cosificadas y con rasgos considerados atractivos en los estándares occidentales. 

“Durante un tiempo la revista Vogue empezó a promover el discurso de que las estrías eran una forma de no estar alimentándote o hidratándote idealmente, cuando en realidad no es así, y lo que hace es no normalizar que todas tenemos estrías. Es sorprendente cómo una revista empieza a determinar el impacto en el cuerpo de una mujer, cuando nosotras somos las que crecemos con ese cuerpo”, explica Pasha. 

¿Cómo el mandato de la belleza ha recaído en las redes sociales? 

La hiperconexión de las mujeres a las redes sociales hace que estén más expuestas a la constante evaluación y comparación de su imagen corporal y que terminen interiorizando el cómo las califican. Genera adicción el recibir recompensas por parte de los seguidores, que puede expresarse con likes, reacciones o comentarios de aprobación. En el caso de Instagram, 32% de las mujeres dijeron que cuando se sentían mal con sus cuerpos, esta red social las hacía sentir peor (Wall Street Journal, 2021). En un experimento de 308 mujeres de 18 a 26 años, en las comparaciones  de apariencia, estado de ánimo y satisfacción corporal; el pasar 7 minutos navegando por Instagram disminuyó la satisfacción de su cuerpo (Engeln et al., 2020). 

Además, expertas consideran que cuando se utilizan filtros no por entretenimiento, sino para sentirse lo suficientemente bella,, se pueden generar trastornos dismórficos, un rechazo a subir una imagen sin edición, y ansiedad social de que cuando alguien conozca su imagen real no coincida con la expectativa que crearon de ella. Pueden considerarse una forma de violencia estética porque son sexistas al estar dirigidos principalmente a las mujeres, y porque son racistas, gordofóbicos y gerontófobicos; ofrecen y reproducen estereotipos hegemónicos, tradicionales y mediatizados, es decir, se apuntan a blanquear, adelgazar y rejuvenecer a quienes los usan (Pineda, 2014). 

Pasha comparte que las redes sociales le permitieron conocer nuevos y variados modelos de cómo vivir los cuerpos: “Empecé a cansarme, empecé a ver que rompían el estándar de belleza y eso me inspiró a decir ¿por qué yo no lo puedo hacer?. El primer paso fue dejar de maquillarme la cara”. 

Sin embargo, reconoce su impacto dañino y cómo algunos filtros pueden ser ofensivos al  burlarse de ciertas alteraciones en la piel: “Existen filtros que me molestan cuando asimilan tener una malformación en la cara; además, es distinto cuando se realizan campañas en redes sociales para que se dé a conocer el vitíligo, a cuando lo hacen con morbo. Hay algunos filtros que son para jugar y lo entiendo, pero hay otros en los que realmente te modifica todo el rostro, cuando empiezas a usar filtros diario puede ser que comiences a desear ser esa persona que te está vendiendo el filtro”, comenta.

No olvidemos a todos los cuerpos que no se ajustan a la norma 

Aunque para todas la lucha de habitar nuestro cuerpo con plenitud sigue en proceso, para algunas la lucha de construir su belleza desde su propia narrativa ha sido aún menos visibilizada. 

Actualmente, es usual encontrar discursos que promueven que hay que amar a los cuerpos con sobrepeso u obesidad, pero si prestamos atención se suele utilizar cuerpos en donde hay una figura de reloj: cinturas más pequeñas que hacen contraste con caderas anchas, senos y traseros grandes; en cambio, es casi nulo encontrarlo en cuerpos que tengan otros tipos de formas: espaldas anchas, con pocas caderas, piernas delgadas. La figura de reloj es estéticamente atractiva y deseable culturalmente, a excepción de otros tipos de formas corporales. 

No olvidemos a todas las personas cuyos cuerpos no se ajustan a la norma (no solo por el peso); y las múltiples causas que lo llevan a ser como es, es reduccionista asumir que se da por un autocuidado negligente, puede ser hereditario o congénito, por alteraciones hormonales (como el síndrome del ovario poliquístico), por accidentes, por ser víctimas de violencia física, o por estar pasando por cierta trayectoria de desarrollo (como en caso del acné o el vello). 

“Falta una lucha de muchas mujeres, aquellas con extirpaciones de cáncer de mamá, acné, cicatrices, vitiligo, psoriasis, tumores en la cara, amputaciones. Por ejemplo, en el cáncer les están quitando algo que la mirada masculina asume que es ser mujer: los pechos; dentro del mandato de la belleza, es una de las luchas más fuertes que vamos a tener, el hecho de que te quiten algo que para ellos te reconoce como mujer. Yo pronto me quedaré muy blanca y casi no se notará que tuve vitiligo, pero para aquellas que desean y no pueden acelerar su cambio su lucha es muy pesada”, considera Pasha Been. La mayoría vivimos con inseguridades por no encajar con los ideales de belleza, pero es distinto a vivir con una opresión sistémica por habitar un cuerpo no normativo en constante discriminación y violencia, un ejemplo claro es la gordofobia. 

Naomi Wolf (1991), en El mito de la belleza, expone la relación entre las cuestiones de: belleza, género, opresión y patriarcado. Wolf llegó a una conclusión importante: la belleza es el resultado del control social y del fuerte impacto del patriarcado respecto al cuerpo femenino. La mirada desde la que se califica al cuerpo femenino es desde un estándar totalmente objetivo, universal e inmutable, se nos enseña y da pautas para alcanzar ese supuesto “éxito social”.

Las mujeres están luchando por escribirse a sí mismas, definir bajo su propio criterio cómo quieren habitar y darle expresión a su cuerpo. Lo estético también es político y hay que darle una intencionalidad a esa expresión del Yo.

*Foto portada: Alondra Castillo Muro.

Referencias:

Pineda, E. (2014). Bellas para morir: estereotipos de género y violencia estética. Prometeo Libros. 

Sánchez, R.R. (2017, 28 de enero). Certámenes de belleza: el patriarcado nos viste de gala. Tribuna Feminista. https://tribunafeminista.elplural.com/2017/01/certamenes-de-belleza-el-patriarcado-nos-viste-de-gala/

Stamp, N. (2019, 21 de septiembre). Does the body positivity movement actually promote better health?. The Sidney Morning Herald. https://www.smh.com.au/lifestyle/health-and-wellness/does-the-body-positivity-movement-actually-promote-better-health-20190918-p52sh2.html

Suárez García, C. (2017). Gordofobia: Un tránsito entre la enfermedad y la cosificación del cuerpo femenino. 24. https://riull.ull.es/xmlui/handle/915/5641

Zamora-Golac, B. G. (2021). Percepción feminista del uso de body positive en la femvertising: sicurezza swimwear 2020. 35. http://hdl.handle.net/10757/655967

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