Crónica de un infierno que no se veía venir

Por Susana Rodríguez

Esther* tenía 21 años de edad cuando conoció a Ricardo* a través  Facebook,  eran finales del año 2015. Se hicieron novios. Ella nunca imaginó que su historia iba a convertirse en un infierno que casi le arrebata la vida.

Desde el inicio, en su noviazgo hubo violencia. Ricardo era celoso y Esther, poco a poco, dejó de hablar con sus amigos y cerró sus perfiles en redes sociales para evitar las discusiones, pues él la cuestionaba constantemente.

“No me gustaba como me trataba porque mi mamá y papá no son así, mis hermanos tampoco. Yo me fui quedando sin amigos, él controlaba con quien hablaba, qué hablaba y además tenía problemas con el alcohol”, recuerda Esther.

Los reclamos por sus relaciones amistosas comenzaron en lo privado, pero después ya no importaba si estaba alguna otra persona presente, las discusiones iracundas igual comenzaban. Luego Ricardo empezó a dejar a Esther sola después de pelear, sin importar en qué lugar estaban; la bloqueaba del celular y la orillaba a pedirle perdón por su “mal comportamiento”. Dos o tres días después, el ciclo se volvía a repetir.

Aproximadamente a los cuatro meses de noviazgo, en marzo de 2016, ella quedó embarazada. Esther creyó que a partir de ahí las cosas cambiarían pero, al contrario, la  violencia continuó y fue incrementando.

“Yo esperaba que mi vida fuera diferente, pero no fue así, ahí empecé a conocer a la persona con la que estaba”, cuenta  Esther

El 24 de agosto de 2016 se casaron al civil y dos meses después se fueron a vivir a la casa de los padres de Esther. Una de las primeras confrontaciones que ella recuerda fue un episodio de maltrato psicológico que la llevó hasta el hospital.

Vivir en casa de los suegros no hizo que Ricardo cambiara sus actitudes violentas, por el contrario, ahora las ejercía contra Esther y contra su mamá. Después de meses la situación se volvió insostenible y ella le pidió a su pareja que se marchara. “Llegaba tarde, no me daba dinero, me maltrataba mucho, también a mi mamá e incluso a mi papá”, cuenta Esther.

Al paso de los días, Ricardo se fue de la casa, pero seguía manteniendo contacto con Esther a través de  mensajes o llamadas. Seis meses después la buscó para pedirle que vivieran juntos, utilizando a su hija para chantajearla, amenazándola con que se la iba a quitar si no accedía a vivir con él. Por miedo, Esther accedió.

En Agosto del 2017, ella decidió mudarse, pero con la condición de vivir cerca de su familia, Ricardo aceptó. “Cuando vivimos juntos todo fue más difícil, el primer año fue horrible, el peor de mi vida”, dice Esther

Al poco tiempo de vivir juntos, ella se dio cuenta de que Ricardo no sólo tenía problemas con el alcohol, sino también con las drogas, eso empeoraba la situación, que pronto pasó de la violencia verbal y psicológica, a la física.

La primera vez que la golpeó fue un domingo, estaban en la casa de la familia de Ricardo. Ella le pidió que se fueran, él se negó de mala manera y la insultó. Luego la abofeteó sin que la mamá y los hermanos del agresor hicieran algo para ayudarla. Ese mismo día, cuando regresaron a casa,  Ricardo la siguió golpeando.

Después de ese domingo –que Esther no olvida– su relación con el padre de su hija se volvió más violenta físicamente, pero también empezaron las agresiones sexuales. Había momentos en los que todo se calmaba, pero la violencia volvía una y otra vez. Con el paso de los días, Esther empezó a deprimirse, a tener miedo, mal humor, incluso su cuerpo empezó a enfermarse. Junto con las agresiones físicas llegaron las amenazas de matarla o desaparecerla si lo dejaba.

El domingo 28 de febrero del 2021, a las 10:30 de la mañana, las cosas empezaron a cambiar.

La discusión no era como en las ocasiones anteriores, él estaba fuera de sí, la empezó a jalonear, a amenazar, la encerró en uno de los cuartos de la casa desde donde Esther pidió ayuda a los vecinos a través de una ventana, las personas alcanzaron a percatarse de lo sucedido y marcaron al número de emergencias 911.

Entre las agresiones, Esther quiso escapar de la casa con su hija, pero no alcanzaron la puerta. Ramiro tomó un cuchillo y la amenazó, ella recuerda que no podía moverse, no podía ni respirar. De pronto, él salió corriendo de la casa dejando la puerta abierta, minutos después los vecinos entraron por Esther y su hija para resguardarlas.

Cuando pudo tranquilizarse, Esther acudió a la Fiscalía General del Estado para denunciar a Ricardo por el delito de  tentativa de feminicidio. Ahí se  se dió cuenta de que él había acudido a denunciarla por agresiones y mostró como prueba  un rasguño que ella  –al defenderse– le hizo en el brazo

En el Centro de Justicia para las Mujeres se abrió la carpeta de investigación CI/AGS/04557/02-21, y emitieron una orden de restricción por tiempo indefinido para que Ricardo no se acercara a Esther.

Para ella, los  seis meses que han transcurrido después de interponer la denuncia han sido desgastantes. Los días pasan entre las declaraciones que la autoridad le pide para comprobar los maltratos que vivió con Ricardo, mientras que evita tener contacto con su ex pareja, que la sigue buscando. Para sobrevivir a los temores nocturnos abuela, madre e hija duermen en la misma cama.

“Yo me sometí a todo tipo de pruebas, he hecho cada cosa que me han dicho para poder hacer un proceso bien en el que de verdad se le castigue por lo que hizo, es muy duro pedir que se haga justicia”, denuncia  Esther.

Frente a los problemas para acceder a la justicia, a principios de marzo Esther solicitó ayuda jurídica al Observatorio de Violencia Social y de Género de Aguascalientes (OVSGA). El equipo jurídico de la organización comenzó a asesorar el caso.

El 18 de junio del 2021 el juez familiar resolvió la sentencia de divorcio –solicitado el primero de marzo– y quiso retirar la orden de restricción indefinida, pero el equipo jurídico del Observatorio ayudó a Esther a gestionar que continuara la protección para preservar su seguridad, pues seguía en riesgo aún con la disolución del matrimonio civil por el antecedente de intento de feminicidio.

El proceso para Esther continúa. La carpeta de investigación por el delito de violencia familiar y lesiones ya se judicializó y se celebrará la  primera audiencia el próximo 25 de agosto. Este no ha sido un camino sencillo, y Esther no es la única mujer víctima de violencia que ha tenido que pasar por este proceso.

Esther es una sobreviviente del círculo de violencia de su matrimonio, sin embargo, no todas las mujeres logran salir con vida. Luego de la experiencia dolorosa viene otro momento difícil: el de luchar contracorriente por las adversidades que interponen las autoridades para acceder a la justicia. Estar viva y en pie de lucha fue lo que inspiró a Esther a contar su historia

*El nombre de la víctima y el agresor son un pseudónimo para resguardar su identidad.

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