Una inspiración femenina que arrasa: Guadalupe Castorena

Por Susana Rodríguez

Cuando Guadalupe Castorena Esparza escogió la carrera de Biología sólo pensaba en conocer más de la biodiversidad, pero hoy no entendería su vida sin la lucha por la defensa  del Bosque de Cobos, sin los trueques en las comunidades y sin su labor docente.

En su trabajo como activista no se ha enfrentando a ninguna situación de discriminación por ser mujer, sin embargo, cuando era estudiante de preparatoria vivió acoso callejero que muchas veces la llevó a pensar que si ella fuera hombre, su vida sería más sencilla, o al menos más segura. Ese pasaje de su juventud terminó por fortalecerla y hacer que se enfocara en sus objetivos como persona y activista. Se vio a sí misma como “yo puedo”, “voy adelante en todo”.

En la universidad, Guadalupe Castorena estuvo rodeada de más compañeros hombres que  de mujeres. Las tareas eran consideradas como propias de ellos, y a ella le tocó abrirse brecha para sacar adelante sus estudios y posteriormente sus luchas para la defensa del agua y el territorio. 

Hace aproximadamente 30 años en Aguascalientes no había muchas figuras que alentaran a las nuevas generaciones a ser activistas medioambientales, en la ciudad sólo se escucha a  Enriqueta Medellín, fundadora de Conciencia Ecológica, pero la situación rebasaba los alcances de la agrupación.

Desde ese entonces, Castorena dio sus primeros pasos hacia la protección del medio ambiente. Ahí empezó a darse cuenta que durante su formación académica le hicieron falta conocimientos de gestión necesarios para la defensa legal de la naturaleza.

El 5 de julio del 2013 se constituyó oficialmente su organización “Movimiento Ambiental de Aguascalientes”, cuya labor principal ha sido la defensa del agua y el territorio, y de manera particular  la lucha por la preservación del Bosque de Cobos. Aunque también han participado en manifestaciones a favor de otros espacios ambientales como La Pona, y han expresado su descontento en todas y cada una de las obras públicas que han implicado la deforestación de la ciudad.

Además del activismo, otra labor que ha enriquecido a Guadalupe ha sido su trabajo de docencia, que le ha permitido tener contacto con nuevas generaciones. Desde el año 1990 ha hecho activismo también desde las aulas y es ahí donde han surgido nuevos liderazgos, principalmente mujeres que ahora trabajan desde sus propios frentes.


Además, una de las actividades que más ha promovido, además de las intervenciones para la defensa del Bosque de Cobos, es la realización del trueque en las comunidades aledañas a esta zona, El Malacate, El Relicario y Los Parga.

Para Movimiento Ambiental de Aguascalientes, el trueque es la posibilidad de alargar la vida útil a las cosas, así como evitar el saqueo de los ecosistemas. En el texto “Feminismos y lucha por el territorio en América Latina”, escrito por Álex Guillamón y Clara Ruiz en la Revista de Información y Debate, escriben del trueque como una práctica ancestral y sostenible esencial para el desarrollo humano de las ciudades y la vida digna, principalmente de las niñas y las mujeres.

“El tejido social quedó tan degradado que prácticas ancestrales y tradicionales sostenibles y al alcance de las personas con menor poder en la sociedad, como las mujeres (trueque, trabajo colectivo, redes vecinales, intercambio de semillas y productos), fueron sustituidas por lógicas individualistas, racistas y competitivas, basadas en la desconfianza y en un consumismo desenfrenado”, plantea el texto Feminismos y lucha por el territorio en América Latina.

Para Guadalupe Castorena, durante el 2020 fue interesante el ejercicio del trueque entre las comunidades aledañas al Bosque de los Cobos, donde trabajan con dos colectivos de mujeres, uno tiene 24 integrantes y el otro 10. Uno de esos ejercicios lo hicieron en temporada de tunas. Al principio las mujeres de la comunidad no sabían qué tenían de valor para intercambiar hasta que Guadalupe las invitó a  mirar a su alrededor. Intercambiaron tunas,  agua de tuna y nopales.  Así se fueron convenciendo de que tenían algo de valor para intercambiar.

Castorena dice que en los ejercicios de trueque participan más mujeres que hombres, aunque en las últimas ocasiones se han ganado la simpatía de algunos de ellos que en su mayoría están dedicados a trabajar en las ladrilleras. Para la activista, la integración de ellos es importante en la convivencia comunitaria, donde se busca que a la larga no sólo se intercambien productos, sino también servicios o tiempo de trabajo.

En estas comunidades y en el contexto de las actividades emprendidas por la ambientalista, las mujeres terminan compartiendo problemáticas que incluyen violencia doméstica, sexual, infidelidades, sexualidad precoz y la necesidad de resolver sus nuevas dinámicas ahora que las niñas y niños ya no asisten a la escuela.

Después de años de lucha por la protección del Bosque de Cobos, actualmente hay 176 hectáreas declaradas como Área Natural Protegida en junio de 2019, y otras 98 hectáreas declaradas a nivel municipal, aunque todavía queda pendiente una zona intermedia.

“Las declaratorias no fueron sencillas, son resultado de un camino muy largo que ha andado la sociedad civil organizada y para el propio gobierno son también procesos largos, de muchos trámites y gestiones”, comentó Castorena.

Esta lucha no sólo ha sido promovida por las organizaciones civiles, sino también por las familias y, principalmente, por las mujeres que viven en las comunidades aledañas, conscientes de las problemáticas que implicaría el hecho de que fraccionaran el Bosque de Cobos.

Las mujeres, dice, están en contra de la destrucción del área natural y sobretodo de la creación de un desarrollo habitacional porque eso sólo empeoraría sus condiciones de seguridad y su calidad de vida. Construyen casas pequeñas donde viven muchas personas y no las dotan de todos los servicios necesarios. Además, esos proyectos aumentan o propician el riesgo de la delincuencia. Eso sin contar con la importancia ambiental que tiene la zona en sí misma por ser zona fosilífera y la existencia de los cauces de agua que lo convierten en un vestigio de la historia natural de Aguascalientes.

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