
Por: Osvaldo Jiménez Paredes *
Aunque no es reciente, el pensamiento MGTOW (Men Going Their Own Way, por sus siglas en inglés) ha cobrado fuerza en los últimos años gracias a la difusión que le dan las redes sociales. A pesar de las propuestas que marcan en sus “estatutos” (llenos de misoginia) y de lo que claman sus dirigentes, las páginas de internet que se adscriben a este pensamiento están saturadas de hombres resentidos que utilizan estas plataformas para exponer de manera violenta sus frustraciones con respecto a las mujeres. A través de chistes y memes donde hacen mofa de la connotación clasista de “Buchona”, muestran de manera abierta y grotesca su desprecio hacia las mujeres. También usan estos sitios para contar sus anécdotas y compartir “artículos” referentes a su “filosofía” Red Pill. Para ser hombres que “van por su propio camino”, parecen muy preocupados por todo lo referente a las mujeres. No obstante, esto toma un cariz peligroso cuando se utilizan estos espacios para pasar a la acción directa en contra de ellas. Por medio de acoso virtual, desinformación y otras formas de violencia, buscan lograr algún tipo de venganza en contra de aquellas que, según ellos, los utilizaron, traicionaron o despreciaron.
El pensamiento MGTWO, en teoría, nació para acoger a todos aquellos varones que, en primer lugar, se rebelaban contra el rol histórico de proveedor y protector. También se formó como un refugio ideológico para todos aquellos que se han mostrado incapaces de sostener una relación sentimental con mujeres. Hasta aquí se percibía como una corriente que ofrece un estilo de vida digno a todos aquellos que no encajan con las convenciones sociales y las expectativas que imperan en occidente. Sin embargo, en la realidad, bajo el amparo de esta bandera, se cobijan un número creciente de hombres que buscan dar salida al resentimiento causado por relaciones pasadas. Los lazos que se tienden entre sí se basan en que se asumen haber padecido experiencias negativas en su trato con mujeres, dicen que vivieron indiferencia, abuso económico e hipergamia. Otro factor que los identifica, es que este grupo social está generacionalmente ubicado, en su gran mayoría, entre la Generation X y los Millenials. Una posible explicación de ello podría ser que, temporalmente hablando, les tocó nacer en una época de grandes cambios sociales, donde los paradigmas que imperaban en un mundo androhegemónico chocaban con las nuevas ideologías de equidad e igualdad promovidos por los grupos que buscaban el ejercicio efectivo de sus derechos. La mayoría de ellos creció en hogares donde la figura del padre tenía mucha influencia, heredando toda la carga ideológica de la imagen masculina tradicional. Por ello, no es raro que estas mismas personas, por su educación conservadora, exhiban también comportamientos racistas, clasistas y homofóbicos, a los cuales aluden en cualquier oportunidad.
Debido a estos factores que tienen en común y, ante el avance de los logros reivindicados por las mujeres en cuanto a derechos sociales, económicos, políticos, educativos y sexuales, sienten amenazados sus privilegios. Como ya se mencionó, estos hombres provienen de hogares conservadores. Tal como lo hicieron sus padres, en su ideario está el formar una familia, tener hijos, convertirse en el “jefe de familia”. Para emular esto, necesitan una pareja que encaje en la imagen de la madre tradicional. Hoy en día, son pocas las mujeres que quieran solamente recluirse en el hogar. Debido a los cambios sociales, muchas de ellas tienen aspiraciones que van más allá de maternar, pues a diferencia de sus antecesoras, la mayoría cuenta con carreras universitarias y, cuando no es así, su concepción de éxito y familia es distinto al de hace treinta o cuarenta años. Así que, desde el noviazgo aparecen los primeros conflictos entre una visión y otra. Mientras estos hombres esperan una novia virgen y “de su casa”, a la que pueden violentar y manipular a su modo (en esto está implícito el deseo de ser maternados, pues consideran el mantenimiento del hogar como una obligación puramente de las mujeres), las jóvenes buscan desarrollarse y hacer distintas actividades sin verse restringidas. Estas diferencias llevan al término de estas relaciones, pues en muchos de ellos pervive la aspiración de convertirse y emular la imagen del caballero andante investido de armadura reluciente, dispuesto a salvaguardar el honor y la honra de todas aquellas muchachas en peligro de perder su virtud en este mundo lleno de libertinaje y corrupción, cuando el verdadero peligro es ellos. En los casos en los que el noviazgo prospera y termina en matrimonio u otra forma de unión, las discrepancias llevan al divorcio y separación. La explicación del por qué terminan estas parejas es simple: las grandes diferencias que existen en la concepción de familia y pareja en uno y otro lado. Sin embargo, aquellos hombres que han tenido contacto con el MGTOW encuentran una sola explicación: La hipergamia.

El mundo MGTOW se ve reducido entonces a buscar el sentido de su existencia alrededor de este pensamiento al que le dedican un sinfín de artículos y videos. En esta teoría simplista, las relaciones humanas se ven reducidas a una interacción desventajosa para los hombres que siempre se encuentran en constante competencia para ser merecedores de la atención de una mujer, mientras que el lado femenino siempre busca mejorar su estatus socioeconómico, aprovechándose de sus pretendientes, al subir una y otra vez estos estándares. Según este punto de vista, un varón, a pesar de ser noble y trabajador, si no cuenta con dinero suficiente o un futuro prometedor, tiene nulas o pocas oportunidades de emparejarse con una chica, la cual antepondrá, ante todo, su bienestar, seguridad financiera y la perspectiva de un estilo de vida glamoroso. En consecuencia, a las mujeres se les dibuja como seres crueles e insensibles (en el argot MGTOW se les denomina Mantis) que sólo están comparando entre los partidos que se les ofrecen para elegir el que cumpla estas expectativas. El discurso de los hombres adscritos al pensamiento MGTOW, es que una vez concretada la unión (noviazgo matrimonio u otra forma de relación), comienza una carrera donde la mujer incrementa una y otra vez sus exigencias económicas y emocionales y el hombre se ve forzado, en su papel de proveedor, a demostrar como jefe de familia que es capaz de cumplir con estas expectativas. Aunque el fenómeno de la hipergamia existe y tiene otros orígenes, comparado con el grueso de la población femenina, el número de mujeres que hacen esta práctica es insignificante, aunque los MGTOW insisten en que es una actividad generalizada, usando burdos argumentos seudobiologistas como de que es un rasgo evolutivo que está presente en los genes desde tiempo prehistóricos y que en su tiempo fue necesario para la sobrevivencia de la especie.
En este momento es dónde entra a escena la metáfora de la Red Pill, pues quienes la toman despiertan y se dan cuenta de las desventajas que ofrece para los hombres este tipo de estructura e interacción social. Así, los MGTOW se rebelan en contra de este papel tradicional y reniegan de sus relaciones con las mujeres. No obstante, al explicar todo a través de la hipergamia, pierden la capacidad de analizarse a sí mismos y ser autocríticos: “La culpa de que ella me dejara no fue por mi deseo de controlar su forma de vestir, sino porque no tuve dinero para cumplir sus caprichos”, “Aquella mujer no se fija en mí ¿Será porque utilizo lenguaje violento y mis comentarios están impregnados de machismo? No, de seguro es porque tiene gustos caros y no se fija en el interior de las personas”, “Mi esposa me dejó. Ella dice que es porque no le ayudo en el quehacer de la casa ni con los niños ¡Es su obligación!, puros pretextos, seguro que sus amigas le llenaron la cabeza con ideas feministas”, son el tipo de comentarios que se leen en las páginas MGTOW. Sin embargo, este argumento de que todas las relaciones humanas están permeadas por la hipergamia carece de sostén lógico. De ser así, tendríamos una minoría de “hombres exitosos” y adinerados acaparando a todas las mujeres. En cambio, los matrimonios y noviazgos entre personas de diferentes estratos económicos y sociales basados en factores afectivos siguen proliferando y son el promedio. Culpar a la hipergamia del fracaso en sus relaciones los exime entonces de toda responsabilidad; dejan de tener obligaciones afectivas y sociales (lo cual es contradictorio, pues muchos de ellos viven con sus madres y dependen de sus cuidados, pues cocinar, hacer quehacer y lavar ropa menoscaba su masculinidad) y se envuelven en un capullo de egoísmo y resentimiento.
Por supuesto que representan un peligro para las mujeres, y si bien, se deben tomar medidas para protegerse de ellos, la verdad es que son una especie en camino a la extinción. Al renegar del matrimonio y cualquier interacción con las mujeres, renuncian a tener descendencia; los que tienen hijos la mayor parte de los casos son deudores alimenticios, así que su influencia negativa está condenada a la desaparición. Hay esperanza en un futuro libre de estas corrientes misóginas, pues, al parecer, en las generaciones venideras, las relaciones entre las personas serán de distinta naturaleza. Lo puedo ver en mis hijos y en sus compañeros de escuela, que son niños amorosos y compasivos, que no tienen miedo de expresar sus emociones y sentimientos y están abiertos a ser empáticos con sus semejantes y con otros seres. Por fortuna, el MGTOW será para ellos un fantasma del pasado.
*Osvaldo Jiménez Paredes es ingeniero y escritor de cuento y novela. Ha publicado el libro Cruzar el Rubicón, en la antología Palabra Germinal y en las antologías del I, II y III Encuentro Estatal de Narradores en Aguascalientes. Ganó la Beca PECDA 2019 y dirigió el documental Desmitificando el mito: El metal en Aguascalientes.
