Nueve años sin respuesta

Por: Mariana Ávila Montejano

En la ciudad mediana del centro del país, en la urbe donde empresas automotrices y centros comerciales pululan en un escenario de mítico acceso a los derechos laborales, en la ausencia rotunda de condiciones dignas de traslado y movilidad para toda persona que no cuenta con un vehículo, fue desaparecida Crystal, la noche del 26 de julio del 2014.

Ese día debimos estar a unos 25 °C, después de una jornada extenuante, y además, carente de un medio de transporte adecuado para esas horas de la noche, la única opción que tuvo Crystal fue caminar para poder llegar a su casa a seguir con la jornada de una madre autónoma. Como lo dicen las estadísticas en nuestro estado, casi el 70% de los hogares tienen al frente a una mujer trabajadora o una red familiar en la que el varón está mayoritariamente ausente. La historia de vida de Crystal también la situaba al frente de su hogar como jefa de familia. 

Esa noche muchas personas transitaban en oscuras calles y avenidas, regresando a su domicilio alrededor de las 10 p.m. Crystal Acevedo Gómez, una joven de Aguascalientes, era una de esas personas presurosas por llegar a su domicilio, quizá después de una tarde tan calurosa, esa caminata podría haber significado un momento para organizar las ideas, para pensar en planes futuros, pero no fue así. 

Crystal trabajaba en una cadena comercial conocida como Coppel. La empresa aseguró, en todo momento, que Crystal salió de trabajar después de un inventario y se dirigió a su casa, ubicada al sur de la ciudad, en una de las colonias que coloquialmente llamamos «populares», de esas colonias que son muy transitadas, llenas de niños y de niñas jugando en las calles a altas horas de la noche, tratando de mitigar el calor y la pequeñez de las habitaciones; una colonia llena de personas con puestos de comida afuera de su domicilio. Sin embargo, esas personas no vieron ni escucharon nada, esa noche Crystal desapareció.

¿Dónde está Crystal Acevedo?

Es la pregunta que se hizo su familia, la prensa, sus amigas, sus compañeras de trabajo, y el Observatorio de Violencia Social y de Género, que acompañó en el proceso de búsqueda. También hubo silencios cómodos, esos silencios que ocultaban las condiciones laborales en las que muchas personas trabajaban y trabajan en esta tienda departamental llamada Coppel; el silencio de las autoridades que se mostraron incapaces de activar la búsqueda de inmediato, incapaces de atender a la familia y de dar indicios de saber lo que hacían, quienes no pudieron siquiera hacer que la tienda comercial cooperara en la investigación.

Pocas voces cuestionaron por qué las mujeres o por qué cualquier persona que trabaja en estos centros departamentales debe salir de noche, muy noche, sin condiciones de seguridad ni de transporte dignos para llegar a sus domicilios. Tampoco cuestionaron las condiciones de seguridad del estado, en su mayoría optaron por hacer como que no pasaba nada, por nombrarlo como un hecho aislado o por estigmatizarla. 

Lo cierto es que esa noche, el 26 de julio del 2014, Crystal Acevedo no llegó con su hija, ni con su hermana, ni con su padre, no volvió a contestar su teléfono, ni volvieron a verla. A un año de su desaparición, las autoridades de Aguascalientes, y más específicamente el exfiscal Óscar Mendívil, aseguró tener la información de los hechos sobre la desaparición de Crystal Acevedo.

Las manifestaciones que molestan

Se cumplía un año de la búsqueda de Crystal. Cada semana se difundían en medios las manifestaciones y las ruedas de prensa, las acciones de incidencia en eventos del gobierno, afuera de los teatros y eventos con “la gente que sí importa”. Entre pintas y consignas, entre charlas con autoridades de mandos medios para modificar las condiciones en las que se abordaba y trataba el tema de la desaparición de mujeres en Aguascalientes, la forma en la que eran tratadas las familias de las personas desaparecidas, la manera en que eran estigmatizadas las mujeres jóvenes que desaparecían y desaparecen en nuestro estado, y en todo el país, seguía empeorando. 

El exfiscal y sus subordinados salieron ese día que se cumplía un año de la desaparición de Crystal, se plantaron frente a los medios y la familia para anunciar que la Fiscalía General del Estado había logrado, gracias al arduo trabajo de inteligencia, saber qué había sucedido con Crystal Acevedo Gómez, y además ya presentaba a los involucrados y tenía sus declaraciones: todos habían confesado sus acciones y ya no había más que seguir el proceso de las audiencias.

El 2014 fue un año de cuestionarnos cuántas mujeres y niñas desaparecían en nuestro Estado. Hoy, por supuesto, a una distancia enorme en el tiempo, GRITAMOS que son más de 100,000 personas las que están desaparecidas; son más de cien mil rostros en carteles y fichas de búsqueda, en bordados, en pintas, en intervenciones de glorietas y grandes avenidas. ¿Dónde están?, se pregunta por su paradero a la sociedad indolente y a las autoridades que hoy ya no sólo son cómplices, hoy también fueron rebasados. 

Su verdad histórica

Esa noche, al salir Crystal de su lugar de trabajo en el centro comercial Velaría Mall, al sur de la ciudad fue sometida por cuatro varones y llevada a un domicilio para ser asaltada y después asesinada…”, así lo aseguró la autoridad, además de señalar que fue incinerada en un horno donde preparaban lechón, horno ubicado dentro del domicilio en la Colonia España, lugar muy cercano al de Crystal. Sin embargo, la autoridad, ni en aquel momento, ni durante todo el proceso de juicio de los cuatro varones que fueron detenidos presentó pruebas, ni cotejo de ADN, ni ningún objeto personal de la víctima que pudiera probar su dicho. Óscar González Mendívil, o algún representante de la fiscalía o del gobierno en turno, solicitó que, a partir de ese momento, la familia prescindiera del acompañamiento del Observatorio de Violencia Social y de Género, pues aseguró que la fiscalía se encargaría de todo el proceso y de lograr que la familia pudiera vivir su duelo.

La familia de Crystal Acevedo, a 9 años del comienzo de aquella pesadilla, sigue sin acceso a la verdad, sin acceso a la justicia. Hoy sabemos que los cuatro varones que la Fiscalía General del Estado de Aguascalientes detuvo, de quienes aseguró que en el 2014 habían asesinado a Crystal Acevedo Gómez, están libres, pues pudieron probar, mediante el protocolo de Estambul, que fueron detenidos y que se firmaron sus declaraciones con base en torturas, pudieron comprobar que la autoridad del Estado de Aguascalientes no integró una carpeta de investigación con pruebas vinculantes, no pudieron probar el asalto, la desaparición y el asesinato de Crystal, y sí pudieron demostrar, una vez más, que las prácticas de tortura y de ausencia de debida diligencia, así como violaciones graves a los derechos humanos, no solamente de los detenidos sino también de las víctimas indirectas, son una práctica que no ha podido ser erradicada, además de que muchas de las personas que estuvieron involucradas en la construcción falsa de testimonios y de la integración de esa carpeta de investigación, hoy gozan de la impunidad y de las redes del poder para seguir intocables.

Si ellos fueron los asesinos, no lo sabremos. La autoridad se permitió perder pruebas irreparables por no haber investigado y activado los protocolos de búsqueda. Lo tortura imposibilita el acceso a la verdad y la justicia, además de generar un estado de indefensión.

La familia de Crystal Acevedo sigue sin acceso a la verdad y ahora con muchas más preguntas que respuestas: 

¿Crystal continúa siendo una desaparecida en el estado de Aguascalientes?

¿Quién se benefició con la fabricación de una carpeta de investigación?

¿Cuántas personas hoy siguen sin ser localizadas y fue cerrada su búsqueda?

¿Cuántas personas están privadas de la libertad víctimas de tortura, y que son inocentes?

¿Quién se beneficia de la impunidad? 

El silencio no nos protege. Te seguiremos buscando. 

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