Por: Danyael Romero
Históricamente, la comedia mexicana se ha caracterizado por retomar situaciones violentas y transformarlas en chistes o anécdotas para hacer reír a la gente, logrando por mucho tiempo su cometido. Entre las situaciones violentas que más recuerdo, se encuentran la violencia familiar en contra de la mujer, mayormente por parte del esposo, agresiones sexuales en contra de niños y niñas, ridiculización y estigmatización de las personas homosexuales, y últimamente, diversas apologías al narco; entre muchas otras.
Es cierto también que en los últimos años se ha creado una mayor concientización sobre estas problemáticas sociales tan importantes, que ha dado paso a que se regule el contenido en diversos medios de comunicación como la televisión y la radio. Sin embargo, el machismo, la misoginia, la homofobía y la pedofilia, solo por mencionar las más recurrentes, siguen transformándose y adaptandose, encontrando lugar en el contexto virtual en el que vivimos.
En la modernidad, las redes sociales y otras plataformas para crear contenido son el medio para que la gente siga riéndose de las mujeres, de las personas indígenas, de los “morenitos” y “morenitas”, de las violaciones a niños y niñas, de los “nacos”, entre muchos otros.
Ahora, los “comediantes” se valen de los podcast en Spotify, de los videos en Youtube, y las herramientas de Tiktok para promover discursos de odio como la supremacía masculina, la violencia en contra de la mujer, la narco cultura, el clasismo y el racismo. Se podrían mencionar los nombres de aquellos famosos quienes crean este contenido y lo popularizan por el alcance mediático que tienen, que probablemente son esos en quien el lector estará pensando, pero el objetivo de este ensayo no es promocionarlos, sino hacer una crítica a la comedia que se genera en nuestro país, y a la misma cultura que la consume y se suma a este problema.
De igual manera, existen creadores de contenido en la plataforma de Tiktok, la cual ha conseguido una enorme popularidad;que si bien no tienen la trayectoria y alcance mediático de otros “comediantes”, también se aprovechan de “trends” para plasmar sus violentas ideas de lo que les hace reír. Algunos de manera más explícita, y algunos otros de manera más sutil, como aquellos hombres que se apropian del nombre y la figura de la mujer para ridiculizarlas y seguir reproduciendo la idea de que son exageradas, volubles e inestables.
Es importante mencionar que en esta manera de aprovecharse de las opresiones y discriminaciones para generar contenido, que muchas veces es monetizado, casi siempre quien hace la broma como quienes se ríen, son aquellos que viven ajenos a la situación. Y no es sorpresa alguna reconocer que las figuras mexicanas de la comedia son y han sido los hombres que, en su mayoría, han hecho su carrera burlándose de las situaciones que no les atraviesan, y que, incluso, han alentado a otros hombres a comportarse de la misma manera: exageradamente masculina, hipersexualizada, impositiva, homofóbica, de macho alfa, pecho peludo, lomo plateado.
Por otro lado, pareciera ser que nada hace el estado para intentar regular el contenido en las redes sociales, y que basta con reportar a las plataformas cuando un podcast o video infringe alguna norma de la comunidad. La realidad es que los videos se pueden volver a subir y los podcast se pueden volver a grabar; y seguirán alcanzando al público hasta que exista algún organismo regulador.
Johan Galtung define la violencia cultural como cualquier aspecto de una cultura susceptible de ser utilizado para legitimar la violencia directa o estructural. La violencia cultural puede no ser tan peligrosa para la integridad de quien la vive, como la violencia directa o la estructural; sin embargo, es un medio por el cual se reproducen las posturas de desigualdad y odio al considerarlas como cómicas.
Es así, que tenemos como resultado alrededor de 30 o 40 años de los mismos chistes, pero reformulados y adaptados a los nuevos contextos. Los mismo compadres borrachos, las mismas mujeres histéricas, los mismos homosexules “pervertidos”, los mismo curas y tíos violadores; pero lo más alarmante es que cada vez tenemos a más hombres riéndose de estos chistes, adoptando estos violentos ideales y vulnerando la dignidad humana de quien se hace la broma.
El problema no es que se hablen de los contextos de violencia que las personas viven día a día; pues, como se dice, lo que no se menciona no existe. Sino que los “comediantes” se aprovechen de esas situaciones para fomentar más violencia, monetizando y ganando más seguidores.
“Ya no se pueden hacer chistes de nada”, “la comedia ya ni da risa”, “todo quieren hacer políticamente correcto”, “es comedia negra”… Hay que entender que tanto la comedía, como la comedia negra no es para burlarse de los oprimidos y discriminados, sino para criticar a la sociedad, a sus costumbres y tradiciones, señalando al que discrimina y al que oprime.
Pero; ¿qué pasa cuando se quiere hacer comedia criticando a los agentes de violencia? Esmeralda Soto se hizo famosa por adoptar la figura del hombre para satirizar y criticar aspectos de la masculinidad hegemónica, de los deudores alimenticios, de los hombres adultos que dependen de las mujeres; y sí, de qué le da risa a los hombres. Así logró una gran cantidad de seguidores en redes sociales. Además, fue interesante ver que los comentarios en sus videos estaban llenos de hombres enojados, desvalorizando su comedia y queriendo hacer reír a otros hombres con los mismos chistes de siempre; los de la cocina, los del aseo y los de las agresiones físicas. Algunas otras personas también han criticado otros tipos de violencia desde la comedia; teniendo la misma suerte.
En su mayoría, son hombres que tomando una actitud defensiva, incluso victimizada, recurren a las agresiones verbales, a los insultos y a las amenazas para defender su posición de privilegio. Misma que está influida por tantas décadas de comedia reciclada que legitima estos ejercicios de violencia, y que los normaliza a manera de chiste.
Entonces, vale la pena cuestionarse de qué nos estamos riendo, tanto en la escala individual como a nivel de la sociedad. A qué clase de comediantes popularizamos en las redes sociales, por quién pagamos para ver su show, qué es lo que promueve con su comedia y qué tipo de violencia sustentamos al reírnos de sus chistes.
