BUZZ Y LA LIGHT-LESBIANIZADORA

Por: Violeta Sabás Díaz de León*

La nueva película de la franquicia Toy Story tuvo por nombre Lightyear y causó furor en la opinión pública y en redes sociales. El primer lanzamiento de esta saga, fue en el año de 1995 bajo la dirección de John Lasseter, además de lo innovador del tema –juguetes que tienen vida, se mueven e interactúan cuando nadie los ve– fue una animación que revolucionó el cine por ser la primera cinta de este tipo en realizarse con efectos digitales.

Lo que podría haber sido una emotiva remembranza de la niñez para las y los Millennials, y quizá una que otro Generación X, recordando a los viejos juguetes olvidados en una caja, perdidos, regalados o destruidos, se convirtió en acalorados debates en redes sociales que duraron semanas, en donde hubo personas defensoras y opositoras de la película, ¿la razón? Un beso de dos segundos entre dos mujeres, madres de uno de los personajes de la animación. Por esta escena, la película fue prohibida en más de una decena de países, en su mayoría de oriente medio y de Asia. Estados que han sido señalados en diversas ocasiones por las organizaciones internacionales de derechos humanos por sus graves violaciones a las garantías sociales.

Las discusiones, en muchas ocasiones ofensivas, se centraban en como ese beso confundiría o no a las niñas y niños que vieran la película, el argumento de quienes aseguraban que iba a causar una seria confusión en la niñez fue: “¿Cómo le explico a mis hijos que dos mujeres se besaron?”.

Ante este contexto, es necesario un análisis profundo sobre la realidad social, y el como impacta en lo simbólico que una niña o un niño perciba el beso entre dos personas del mismo sexo, en este caso, de dos mujeres adultas. Partamos de una premisa principal: las relaciones lésbicas son interpretadas en la sociedad como un hecho antinatural, anómalo o desviado, aquí comienza todo. Si en la formación que recibe la niñez en su entorno inmediato, que es el hogar, una relación gay o lésbica se percibe como antinatural, nunca será normal ver a dos mujeres besándose. Diariamente las niñas y los niños observan a parejas heterosexuales besarse, abrazarse y construir relaciones sociales, vemos a mujeres embarazadas con sus parejas hombres y no se tiene que explicar a la niñez porque esa mujer se relaciona con un hombre. En el caso del beso de dos mujeres en la película, esa unión fue percibida como mala e incorrecta, por esta razón, les preocupaba tanto el como explicar a sus hijas e hijos porque dos mujeres se besaron.

El siguiente punto de análisis debe partir de una realidad simbólica, y esto tiene un impacto en como la niñez percibe los contenidos que ven a diario a través de los medios digitales. Existe una carga cultural impresionante en todo lo que percibimos a diario, la violencia atraviesa todo lo que observamos: comerciales, películas, series, caricaturas. En este entendido, la niñez normaliza dichos contenidos y los procesa junto con todos los mensajes de las personas adultas que conviven a su alrededor. Si ven una escena donde dos mujeres se están besando, normalizan esa situación, si preguntan el porque dos mujeres se besan y el adulto que está cerca en ese momento les menciona que es algo normal, que es una familia lesbomaternal y solamente están expresando su amor como lo haría una pareja heterosexual, generará en ese niño o niña una experiencia nueva de respeto y tolerancia hacia cualquier persona y entenderá el valor invaluable de la diversidad. Si en cambio, ese niño o niña recibe el silencio del adulto o alguna palabra lesbofóbica, llena de estigma o desinformación, ese mismo niño o niña entenderá que no es normal que dos mujeres se besen.

Siguendo con otro análisis, es necesario hacer énfasis en el doble discurso. Las mujeres han sido objeto de consumo sexual por una gran parte de los hombres. Existe una industria milenaria de prostitución y explotación de los cuerpos. Los filmes de contenido pornográfico, las imágines de sexualización de las mujeres y los contenidos eróticos donde aparecen dos mujeres suman millones de millones de dólares a las productoras de contenido sexual. Hasta aquí, todo bien para los hombres, pueden pagar por consumir mujeres, niñas y adolescentes, los besos de dos segundos no son un problema. Sin embargo, cuando una relación entre dos mujeres adultas es consensuada, formada y sostenida desde el respeto y la dignidad como personas, les resulta indignante e insultante, a fin de cuentas, ellos no son lesbofóbicos, solo que no se besen en público. Si una pareja de lesbianas es para su consumo, les resulta erótico, si es una relación consensuada, lo encuentran antinatural y repulsivo.

Por último, hay quienes afirmaron que la “ideología de género” iba a perjudicar la inocencia de la niñez –Situación que no se ve alterada cuando les dejan ver contenido altamente violento, desnudos y escenas si no sexuales, al menos sugerentes de relación sexual–. Este es por mucho el argumento más desinformado que se debatió en redes porque parte de una categoría de análisis inexistente en las ciencias sociales: la ideología de género. Este supuesto inventado por los grupos más conservadores de la sociedad, es la tergiversación de la perspectiva de género, la cual es una metodología político-social que parte del análisis de las desigualdades históricas entre los hombres y las mujeres y funciona para identificar las violencias estructurales, simbólicas y sociales que impiden la igualdad entre todas las personas. No tiene nada que ver con homesexualizar o lesbianizar a la niñez, por más que se aferren a la idea de que la película, justo en la escena del beso, era un medio de adoctrinamiento para niñas y niños, como si un rayo arcoiris saliera de la pantalla y se insertara en sus cerebros.

  Lo que verdaderamente perjudica a la niñez es la incorrecta educación sexual que reciben en sus hogares. Adolescentes que no saben usar métodos anticonceptivos o los usan de manera errónea, niñas y niños incapaces de nombrar sus genitales y más del 70 % de la violencia sexual cometida por conocidos de la familia dentro de los hogares. En conclusión, pueden volver a buscar sus juguetes olvidados y ver con tranquilidad  Lightyear en compañía de niñas y niños, que el rayo lesbianizador no hará de las suyas en esta ocasión.

*Activista, feminista y defensora de los derechos humanos. Ha cursado talleres y diplomados en creación literaria.

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