La Construcción Social de las Corporalidades: una mirada sociológica

Por: Carlos Viscaya

Podemos hablar del cuerpo desde su composición biológica, desde el cúmulo de órganos putrescibles y de la partes que nos dan soporte, que comunican los sistemas y generan respuesta a los estímulos externos; podemos hablar también del cuerpo desde los procesos químicos que nos erizan la piel, trituran la comida y nos hacen sudar. Pero también  podemos hablar del cuerpo desde lo social, es decir, desde de las normas y regulaciones culturales y sociales hechas cuerpo, adheridas a la piel; del significado de las corporalidades en contextos situacionales, de las normativas que nos dicen cómo debemos comer, sentarnos, oler, ver o reaccionar. 

Hablar de las corporalidades desde la sociología implica pensar en éstas como el resultado histórico de patrones socialmente establecidos, de contextos culturales y colectivos; de las maneras en que se debe llevar el cuerpo, actuar con él y mediante éste relacionarnos con las, los y les demás; es decir, hacemos referencia a un enfoque cuyo campo de estudio es la corporeidad humana como fenómeno social y cultural, materia simbólica, objeto de representaciones y de imaginarios, como define David Le Bretón en La Sociología del Cuerpo; este enfoque analítico nos permiten entender transiciones históricas y coyunturales en las que el cuerpo adquiere y cambia de significados. 

De tal forma que no existe un cuerpo, existen los cuerpos, sometidos a distintas lecturas sociales y definidos en relación con la semántica situacional, así hablamos de  cuerpos racializados, cuerpos diferenciados por su sexo, su género, su identidad; cuerpos gordos, cuerpos con discapacidad, cuerpos monstruosos como escribría Foucault sobre la sociedad occidental; cuerpos occidentalizados, cuerpos en rebelión, cuerpos medicalizados, cuerpos enclaustrados; cuerpos definidos por el sistema económico capacitista empobrecedor y cisheterosexual; todos éstos cuerpos cuyas vivencias se complejizan en la interssección de sus diferencias. 

Pensar sociológicamente las corporalidades supone un análisis de cómo socialmente los cuerpos son instrumentalizados, definidos, reglamentados, medicalizados, encerrados, excluidos y asesinados a partir de la relación de significantes y significados asociados a la carne; pero también, de cómo en el intersticio del territorio corpóreo, sensorial y sensible, las, los y les cuerpxs también son revolución, expropiación y resistencia. 

Que las corporalidades, que el territorio de la carne es también lugar de resistencia, construye y adquiere nuevos significados y resignifica los socialmente establecidos; cuerpos cargados de significados, cuerpos que afectan y son afectados.

El campo de la Sociología del cuerpo apuesta por un enfoque epistemológico y metodológico que recupere el primer escenario de la acción y la interacción, que recurre a la construcción del conocimiento a partir del primer escenario social: los cuerpos. 

Las corporalidades no son sólo materialidad biológica, están sometidas a sus contextos sociales, a la realidad misógina, clasista, racista, lgbtfóbica, capacitista y cisheterosexual que las reglamenta y les impone normas para el ser y el hacer; y también, en las corporalidades se encuentran los espacios de resistencia que permiten a los cuerpos existir por fuera y más allá de los determinantes sociales y transitar sus significados.  

Somos el espacio carnal de la resistencia.

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